Capítulo 323
- Suéltame, Thiago. Me pareció ver al representante de Samanta cerca de la zona de los camerinos -explicó ella, zafándose del agarre con un tirón firme- Voy a ir a preguntar por ella personalmente. Tampoco vamos a estar toda la noche aquí sentados esperando a que le apetezca salir al escenario. El tiempo corre.
Thiago, sabiendo que era inútil discutir con la terquedad de su prima, se puso de pie de inmediato y la siguió de cerca. Salieron juntos hacia los reservados, un área más estrecha y flanqueada por pesadas cortinas de terciopelo donde el sonido de la pista se amortiguaba. Pero la suerte no estuvo de su lado en ese tramo. Para sorpresa de ambos, se chocaron de frente con uno de los abogados principales del señor Zambrano, que rápidamente reconoció a Thiago de la Vega.
- Qué sorpresa encontrarte aquí, señor de la vega -dijo el hombre, extendiendo una mano que Thiago estrechó por mera cortesía- No sabía que el Velvet formaba parte de tus zonas de influencia.
Mientras hablaba, el abogado no quitaba la vista de encima de Sofía. Sus ojos recorrieron el vestido negro y el maquillaje cargado con una fijeza que rozaba el descaro. Al parecer, debido a la oscuridad del pasillo y al radical cambio de imagen de la joven, no la reconoció a ella en absoluto.
- Qué acompañante tan pintoresca, de verdad - añadió el abogado del señor Zambrano, con una entonación cargada de doble sentido- Soy habitué de este lugar desde hace años y puedo jurar que nunca la había visto por aquí.
Sofía sintió que la sangre le hervía en las venas ante la insinuación implícita. Con su orgullo intacto, quiso presentarse como era debido, abrir la boca y dejarle claro a ese leguleyo que estaba hablando con una de la Vega y que sus modales dejaban mucho que desear. Sin embargo, Thiago reaccionó con la velocidad de un rayo. Colocó una mano firme sobre el hombro de Sofía, deteniéndola con una presión sutil, y cortó cualquier intento de aclaración.
- Solo digamos que tengo buen gusto -se limitó a decir Thiago, con una frialdad absoluta que no daba pie a más preguntas.
El abogado, captando la barrera invisible que Thiago había levantado, asintió con una reverencia burlona. Se volvieron a despedirse cortésmente con un par de frases vacías y cada quien siguió su camino en direcciones opuestas.
En cuanto el hombre desapareció tras el recodo del pasillo, Sofía se giró hacia Thiago, con el rostro encendido de indignación.

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