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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 320

Capítulo 320

CAPÍTULO 236

Mateo encendió el motor y volvió a su apartamento. El inmenso ático, con sus ventanales que dominaban la ciudad, le pareció más solitario que nunca. Aún no estaba listo para enfrentar a su madre o a su padre. Sabía que Lucía vería a través de sus mentiras en un segundo, y Alexander...

Alexander se involucraría sin dudar..

Mientras conducía, la preocupación por la seguridad de Sofía en el Club Velvet comenzó a carcomerlo. Sofía era valiente, terca y rápida con los puños si era necesario, pero el ambiente de ese lugar no era un potrero donde las reglas se jugaran con honor. Era un territorio hostil, manejado por hombres que no dudaban en golpeara traición en un callejón.

Mateo no podía dejar que ella fuera sola. Y él no podía ir.

Necesitaba un perro guardián.

Tomó su teléfono celular y activó el manos libres del coche. Marcó el número de la última persona en la que había pensado que confiaría un asunto personal, pero la única que podía cumplir con la tarea.

El tono sonó tres veces antes de que la línea se abriera con un suspiro seco.

- Mateo, escucha -dijo Thiago del otro lado de la línea, sin molestarse en saludar, yendo directo a lo que él asumía que era el problema-Antes de que empieces a reclamarme por lo que pasó en la oficina, déjame aclararlo. Sabes que lo que dijo Karla no lo pienso yo. Fue un comentario fuera de lugar y ella cruzó la línea. Ya se lo dejé claro.

Mateo enarcó una ceja, sorprendido por la disculpa preventiva de su primo mayor. Thiago rara vez se disculpaba por nada.

-¿En serio? -respondió Mateo, adoptando un tono neutro- Parecías bastante de acuerdo cuando me mirabas hace unas horas.

- Estaba molesto porque paralizaste la firma de los contratos asiáticos, no por tus capacidades - se defendió Thiago con firmeza- Para que quede constancia oficial, primo: me gusta la dirección de la empresa contigo al mando de los nuevos proyectos, y con Benicio manejando la logística.

Hacemos que funcione. Y si en algún momento quiere entrar Sofía... también habrá lugar para ella en la mesa directiva. Mi problema no es con tu cargo, es con tu afición por el drama.

- Lo sé, Thiago, lo sé -lo interrumpió Mateo, cansado de la jerga corporativa- No te llamé para exigir una disculpa ni para hablar de las acciones de VegaCorp. No quiero hablar de eso. Es sobre otra cosa.

El silencio en la línea se volvió repentinamente denso.

-¿Qué sucede? -preguntó Thiago, y su voz bajó una octava, volviéndose peligrosamente seria- ¿Es realmente grave el lío en el que estás metido, Mateo? ¿Son los tipos que te dejaron la cara así?

- Sofía fue a ese antro... ¿cuándo? -Thiago sonaba genuinamente horrorizado y ofendido de no haberlo sabido.

- No importa cuándo. Lo importante es que Sofía tiene que entrar hoy para ver si Samanta está allí y tratar de averiguar por qué huyó. Pero, por obvias razones físicas, yo no puedo ir. Y no quiero que ella vaya sola. Es demasiado arriesgado.

Hubo una larga pausa en la línea. Mateo podía imaginar los engranajes de la mente de Thiago evaluando los riesgos, su instinto sobreprotector luchando contra su aversión a inmiscuirse en los dramas románticos de su primo.

-Te lo pido, Thiago. Ve con ella, por favor - suplicó Mateo-Solo sé su sombra. Quédate en una mesa cerca. Si ves algo raro, la sacas de ahí.

El sonido de un bolígrafo cayendo sobre un escritorio de mármol se escuchó por el altavoz.

- Está bien -accedió Thiago finalmente, con un suspiro de resignación que escondía una profunda determinación- Iré con ella. Le enviaré un mensaje ahora mismo para coordinar dónde nos encontramos.

- Gracias, primo. Te debo una grande.

- Me debes mucho más que una, Mateo. Y cuando tu cara vuelva a su tamaño original, tú y yo tendremos una larga charla.

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