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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 256

Capítulo 256

CAPÍTULO 172

El reloj marcaba las diez de la noche cuando las luces principales de la carpa se atenuaron lentamente, dejando solo el resplandor cálido de las velas en los centros de mesa y unas luces estratégicas enfocadas en la pista de madera que se había instalado en el centro del césped. El murmullo de la multitud se apagó, reemplazado por la expectación.

Sofía de la Vega, sentada junto a su hermano Mateo, se inclinó ligeramente hacia adelante.

Una melodía de piano, limpia y melancólica, comenzó a flotar en el aire frío de la noche.

De las sombras del jardín, emergió una figura.

Samanta no llevaba lentejuelas, ni plumas, ni la mirada desafiante del Club Velvet. Vestía un maillot blanco inmaculado y una falda de tul vaporosa que le llegaba por debajo de las rodillas. Su cabello oscuro estaba recogido en un moño estricto de bailarina clásica, y su rostro, desprovisto del maquillaje pesado de la ciudad, lucía una belleza pálida y etérea bajo los focos tenues.

Cuando dio el primer salto, el tiempo pareció detenerse en la finca.

Mateo estaba a punto de llevarse su copa de vino a los labios cuando la vio. La copa quedó suspendida en el aire. Su corazón dio un vuelco tan violento que sintió un dolor físico en el pecho.

Era ella.

Era Samanta.

Pero no era la Samanta que él conocía. Esta mujer volaba. Sus movimientos eran una poesía de ballet contemporáneo, una mezcla de técnica clásica perfecta y una emoción cruda que desgarraba el alma.

Mateo no podía apartar los ojos de ella.

Giró la cabeza lentamente hacia su derecha.

Sofía lo estaba mirando. Y su hermana melliza, le devolvió una gran sonrisa, llena de complicidad y orgullo. Le guiñó un ojo.

<De nada, idiota», decía esa sonrisa.

Lucía y Alexander, sentados en el centro de la mesa, también estaban encantados con la presentación de ballet.

Durante siete minutos, Samanta dominó el mundo.

Cuando la última nota del piano se desvaneció en el viento, Samanta cayó de rodillas en el centro de la pista, bajando la cabeza en una pose de rendición final.

El silencio duró un segundo eterno, y luego, la carpa entera estalló en aplausos.

Los empleados de VegaCorp se pusieron de pie, vitoreando.

Samanta se levantó, respirando agitadamente, y miró a la mesa principal. El pánico que había sentido al llegar amenazó con volver al ver a Mateo aplaudiendo de pie, mirándola como si fuera lo más bello del planeta.

Sofía fue la primera en acercarse a la pista, recibiéndola con los brazos abiertos antes de que la bailarina pudiera pensar en huir.

- Samanta -dijo él, y la forma en que pronunció su nombre fue una caricia-. Estuviste... increíble.

No tengo palabras.

Samanta sintió que el rubor le subía a las mejillas.

La cercanía de Mateo, el olor a su colonia mezclado con el aire del campo, le revolvía el estómago de una forma que nada tenía que ver con el miedo a Héctor.

- Gracias -respondió ella, evitando su miradaHa sido un honor bailar para ustedes.

Sofía, dando por terminada la presentación oficial y viendo la incomodidad de la bailarina, ofreció una salida táctica.

- Bueno, Samanta, debes estar agotada. Te ofrezco acompañarte a mi habitación para cambiarte nuevamente y que puedas...

Antes de que Sofía pudiera terminar la frase, Mateo se interpuso suavemente pero con firmeza.

- Yo la acompaño -dijo él, mirando a su hermana con una intensidad que no admitía discusiones.

Sofía sonrió internamente. Había mordido el anzuelo.

- Como quieras -concedió ella, dando un paso atrás.

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