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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 257

Capítulo 257

CAPÍTULO 173

Pero antes de que Samanta pudiera darse la vuelta y escapar hacia la seguridad de la casa, Sofía la detuvo con una última estocada de hospitalidad.

- Samanta -le dijo Sofía- antes de que te vayas a cambiar...me gustaría que te quedes en la reunión.

Que participes con nosotros en la cena.

Samanta abrió los ojos, alarmada. Su trato con Héctor era claro: bailar y desaparecer. Quedarse a cenar con la familia de la Vega no formaba parte del plan.

- Oh, no, no es necesario -se apresuró a decir ella, retrocediendo- Yo ya terminé mi trabajo.

Debo regresar a la ciudad, tengo... tengo otros compromisos.

Lucía, que no estaba dispuesta a dejar ir a la artista que había traído tanta belleza a su fiesta, intervino con su autoridad de anfitriona y madre.

- Sí, por favor, Samanta. Quédate. -Lucía le puso una mano cálida en el brazo desnudo- Te lo pido yo. Has hecho de esta noche algo inolvidable para Alexander y para mí. Lo mínimo que podemos hacer es ofrecerte un plato de comida caliente y una copa de vino. No acepto un no por respuesta.

Samanta se quedó paralizada. Ante las miradas de todos, no pudo rechazar la invitación sin parecer grosera o enloquecida. El peso de la cortesía la aplastó.

- Está bien -murmuró, derrotada, aunque su corazón latía con pánico- Me quedaré un rato.

- Excelente -sonrió Lucía- Sofía, acompáñala para que se ponga cómoda.

Pero Mateo hizo un gesto con la mano, indicándole el camino hacia la casa principal.

- Por aquí.

Caminaron en silencio. La música de la carpa se iba desvaneciendo a medida que se acercaban a la imponente mansión de la finca.

Samanta iba un paso por delante de él, abrazándose a sí misma por el frío. Mateo se quitó el saco del traje de inmediato y se lo puso sobre los hombros.

- No, Mateo, estoy bien... -intentó ella, deteniéndose.

- Úsalo. Estás helada -insistió él, sin tocarla más de lo necesario, recordando su rechazo anterior.

Entraron a la casa. Subieron la gran escalera de madera que llevaba a las habitaciones de la familia.

- No sabía que bailaras ballet -dijo Mateo, rompiendo el hielo, su voz resonando suavemente en la madera del pasillo- Pensé que tu estilo era...

diferente. Lo que haces en el club.

Samanta soltó una risa amarga, agarrando las solapas del saco de Mateo para cerrarlo sobre su pecho.

- El ballet fue mi primer baile. Mi primer amor - respondió ella, mirando los cuadros de paisajes que adornaban las paredes- Empecé cuando era una niña. Creía que iba a recorrer el mundo en zapatillas de punta. Pero la vida real no es como El Lago de los Cisnes. La verdad es que he dejado de hacerlo hace años.

Mateo frunció el ceño, caminando a su lado.

-¿Y por qué bailaste hoy? No sé por qué mi hermana pidió que bailaras eso específicamente.

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