Capítulo 353
CAPÍTULO 267
La puerta del despacho de Alexander se cerró con un clic definitivo. Thiago se quedó unos segundos en el pasillo, respirando hondo.
Caminó hacia el salón principal, esperando encontrar al resto de la familia todavía reunida pero cuando cruzó el arco del vestíbulo, la inmensa sala estaba vacía.
No iba a irse a dormir. Necesitaba respuestas, y las necesitaba ahora.
Él conocía perfectamente la disposición de la casa.
Y sabía exactamente cuál era el camino del cuarto de Sofía.
Subió las escaleras de dos en dos. Al llegar a la puerta de ella, no se detuvo a pensar en la hora ni en las convenciones.
Entró a su cuarto sin tocar la puerta.
Sofía, de pie junto a su cama, estaba a medio vestir.
Se había quitado la ropa de montar llena de arena y sudor y, en ese preciso instante, se estaba deslizando una camiseta de pijama holgada sobre la cabeza.
Al escuchar la puerta abrirse de golpe sin previo aviso, Sofía dio un respingo violento.
- ¡Qué demonios... -exclamó ella, bajándose la camiseta rápidamente, su corazón latiendo a mil por hora por el susto, pensando por un segundo de terror en el prófugo Fernando Castillo.
Pero al enfocar la vista en la penumbra y reconocer la silueta ancha y el traje oscuro, el miedo se transformó instantáneamente en indignación.
- ¡¿Qué haces, Thiago, aquí?! -le gritó Sofía, retrocediendo un paso, cruzando los brazos sobre el pecho en un gesto de protección- ¡Es mi privacidad! ¿Qué parte de "tocar la puerta" no te enseñaron?
Thiago cerró la puerta a sus espaldas con rapidez y avanzó hacia ella como una sombra.
- Shhh -la chistó él, acortando la distancia en dos zancadas. La agarró suavemente por los brazos antes de que ella pudiera retroceder más-- Deja de gritar o van a venir todos a este cuarto, y te aseguro que no quieres explicarles a tus padres y a tu tía qué hago en tu dormitorio a las cuatro de la madrugada.
Sofía intentó zafarse de su agarre, pero él la sostuvo con firmeza. La proximidad de Thiago era abrumadora.
- Suéltame -siseó ella, bajando el volumen de su voz a la fuerza, pero manteniendo la fiereza en sus ojos verdes- Estás loco. Sal de aquí ahora mismo.
- No me voy a ir. Tenemos que hablar, Sofía -dijo Thiago, soltándole los brazos pero manteniéndose a escasos centímetros de ella, bloqueando cualquier ruta de escape hacia el pasillo- Y no me importa la hora que sea.
- Yo no tengo nada de qué hablar contigo -
replicó ella, levantando la barbilla, negándose a dejarse intimidar por su presencia dominante-. Mi cabeza da vueltas, casi me rompo el cuello en la pista y hay un delincuente suelto buscando a nuestra familia. Y en lugar de dejarme descansar, irrumpes en mi cuarto como un acosador.
- Ese delincuente no es problema tuyo-la cortó Thiago, sus ojos oscuros clavados en los de ella-El problema que tenemos tú y yo es otro. Quiero saber 3/ qué pasa entre tú y ese hombre.
Sofía frunció el ceño, genuinamente desconcertada por un segundo, antes de comprender la acusación.
- ¿Ese hombre? ¿Te refieres a Esteban? -Sofía soltó una risa nasal, corta y llena de sarcasmo-
¿Entraste a mi cuarto de madrugada para interrogarme sobre Esteban? Eres increíble, Thiago.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.