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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 352

Capítulo 352

CAPÍTULO 266

Cuando la caravana de vehículos de lujo cruzó los portones de la Finca Flores de la Vega, el reloj marcaba las tres de la madrugada.

Se reunieron todos en la sala principal. Ricardo y Eleonor de pie cerca de la ventana. Roberto, con los brazos cruzados. Rodrigo y Elisa, sentados rígidamente en unas butacas gemelas. Alexander y Lucía presidían la reunión de pie. Sofía estaba sentada en el sofá cerca de la chimenea, abrazando sus rodillas, y Mateo estaba a su lado, sosteniendo la mano de Samanta, quien se veía pequeña y asustada en medio de tanta opulencia tensa. Thiago y Benicio entraron los últimos, cerrando las puertas.

Todos sabían que era algo malo, algo excepcionalmente grave, para estar todos a las tres de la mañana ahí.

Elisa, que aún no salía del asombro ni de la indignación por lo que hizo su hijo mayor en la pista, fue la primera en preguntar. No podía soportar más silencio.

- Espero que no estemos aquí reunidos en plena madrugada por la estupidez que cometió mi hijo mayor hoy en el hipódromo -soltó Elisa, lanzando una mirada venenosa hacia Thiago y luego hacia Sofía- Porque si la nueva política es hacer reuniones nocturnas cada vez que un de la Vega tiene un arrebato hormonal en público, no vamos a dormir nunca.

Alexander dio un paso adelante. Su rostro era una máscara de granito.

- No, Elisa -respondió Alexander, con una voz profunda que silenció los murmullos de inmediato - Lo del beso no es el motivo de esta reunión.

Aunque ese también es un tema que me compete, y que discutiré en privado con los involucrados.

Miró a Thiago brevemente con frialdad antes de girarse hacia el resto del grupo.

- Estamos aquí por una amenaza externa. Hoy, durante la gala en el hipódromo, Lucía y Rodrigo vieron a Fernando Castillo.

El nombre cayó en el salón como una bomba de racimo.

Elisa reaccionó al instante, poniéndose pálida y llevándose una mano al pecho.

- ¿Fernando? ¿Aquí? -balbuceó ella, incrédula-

¿Cómo es posible que ese cobarde apareciera en nuestro evento después de tantos años?

Roberto también reaccionó, enderezándose de golpe, su instinto de protección financiera activándose. El fantasma del hombre que les había robado a ellos y a los Navarro estaba de vuelta en la ciudad.

- ¡Con razón! -exclamó Roberto, golpeando el reposabrazos del sofá- Por eso vi tanta seguridad de repente, cerrando los perímetros y pidiendo identificaciones a los invitados en la salida. ¿Y qué pasó? ¿Lo encontraron? ¿Llamaron a la policía?

- No -dijo Lucía, dando un paso adelante, su voz teñida de frustración y cansancio-No lo encontraron. Los hombres de seguridad peinaron el club de arriba a abajo. Al parecer... el espectáculo final en la pista fue lo suficientemente llamativo y caótico para camuflar su huida. Aprovechó el momento en que todos miraban a Sofía para escabullirse. O eso creemos.

Sofía bajó los brazos y escondió el rostro entre las rodillas.

Thiago, cuya mente estratégica funcionaba a mil por hora incluso bajo estrés emocional, enseguida hiló los hilos y ató un cabo suelto que lo dejó sin aliento.

- Karla... -murmuró Thiago, dando un paso al centro del salón, atrayendo la atención de todosKarla no hace mucho me preguntó por él.

- ¿Qué quieres decir? -preguntó Alexander, frunciendo el ceño.

- Hace un par de semanas, en la oficina -explicó Thiago, recordando la conversación con claridadEntró y me dijo que había encontrado unas carpetas antiguas en el archivo de su despacho. Carpetas firmadas por Fernando Castillo. Me preguntó si lo conocía, y yo, obviamente, lo negué para evitar que hurgara en la historia de la familia. Pero ella estaba muy interesada en el nombre.

Alexander apretó la mandíbula. Si Karla estaba preguntando por Fernando, y Fernando aparecía en la gala, la probabilidad de que estuvieran conectados era aterradoramente alta.

- ¿Qué peligro real implica esto, Alexander?-

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