Damián
Es sábado y muchos tuvimos que venir a trabajar, ya que este mes estamos recargados de trabajo y necesitamos adelantar. Por supuesto, se les pagará muy bien a quienes han venido, que, por cierto, han sido la mayoría.
La reunión que se lleva a cabo en este momento marcha bien. En este instante estoy a punto de comprar el terreno donde crearé una de mis nuevas obras. No requiero de otra empresa. Aun así, no está demás tener otra. Quiero una agencia de publicidad especializada en el sector del cine. Me gusta la farándula y siempre he vivido rodeado de ella. Mi familia toda su vida ha sido adinerada y muchos han sido actores y famosos muy importantes. Mi hermosa madre era modelo y actriz. Se retiró de ese mundo hace dos años. Mi hermana es modelo también, pero se inclina más por los negocios, al igual que yo. Mis planes son elevados y quiero que sea la mejor. Quiero convertirla en la número uno, y es algo que no me será difícil, ya que mi apellido resuena en todos lados.
—Señor Lancaster, aquí están los documentos para que firme y el terreno es todo suyo.
Mis ojos se iluminan por completo al escucharlo decir eso. Sin dudarlo, lo firmo y le entrego el documento al dueño, que también lo firma. Sus abogados y los míos comienzan a hablar para luego entregarme los documentos donde constan que el terreno es completamente mío.
—Señor Canelo, fue un placer haber comprado su terreno. —Le tiendo mi mano, y este hace igual.
—El placer fue mío. Espero pronto volver a hacer negocios con usted.
Asiento, y él se va junto con sus abogados.
—Al fin he obtenido el terreno. Ahora vayamos a ver los planos y la maqueta que me hizo Federico para la construcción de mi nuevo imperio. —Sonrío.
Mi amigo palmea mi hombro.
—Bien. Yo lo vi por encima y se ve muy agradable. ¿Qué nombre le darás? —me pregunta mientras caminamos hasta el ascensor.
—Aún no sé. El nombre lo elegirá Antonella. Según ella, esa empresa también es de ella y, por lo tanto, será quien decida su nombre.
Trino comienza a reír.
—¿Adueñarse de todo venía en el contrato? —se burla de mi situación.
Le he contado a mi amigo que ella es la dueña de todo sin serlo en realidad.
—Qué te puedo decir. Esta compañía en parte también viene siendo de ella, como se lo prometí, pero las otras no. La casa es mía porque está a mi nombre, y ella me expropió de mi propia casa. Se hizo dueña de todo lo que hay en ella.
Suelta la carcajada, doblándose de la risa.
—Por ley le toca la mitad —habla cuando se recompone.
—Exacto, la mitad, no todo, como dice ella —me quejo.
Salimos del ascensor y caminamos hasta la oficina de Federico.
—Pero cómo te encanta que se adueñe de todo —dice con tono burlón.
—Sí, sabes que no me molesta para nada, al contrario, me gusta que se comporte como la señora de la casa.—Abro la puerta sin tocar. Es mi empresa y hago con ella lo que me dé la gana, siquiera me dicen algo para que vean cómo están de patitas en la calle.
—Señor Lancaster, qué bueno que está aquí —me saluda Federico—. ¿Hizo la compra?
Pongo los ojos en blanco.
—¿Por qué crees que estoy aquí? —cuestiono fastidiado.
Lo sé, soy un puto cabrón que todo le molesta y más sus empleados. ¿Por qué soy así con ellos? Muy fácil: siempre viven temiéndome y queriendo hacer todo perfecto para que me agraden, pero eso me vale mierda. Yo no veo sus buenos trabajos, yo solo veo sus errores y nada más. Si lo hacen bien, perfecto, somos felices todos. Si lo hacen mal, los vuelvo infelices a ellos. No siempre hay que halagar el trabajo de otro, debemos exigirles más y más para que sean mejor cada día.
—Damián —me reprende Trino por mi grosera actitud. Esa es mi naturaleza.
—Aquí está mi obra maestra. Espero que sea de su agrado, señor.
Camino hasta donde está “su obra maestra” y la observo a detalle, buscando algún mínimo error. Por suerte para él, no encuentro alguno.
—Está bien —es lo único que digo, ganándome malas miradas.
Lo acepto, es genial, pero no lo voy a aceptar delante de él. Sino, será un problema más a futuro. Una vez admiré un trabajo, incluso la premié. Esa persona no dejaba de agradecerme y de decirme que estaba feliz porque había logrado hacer algo que a mí me gustara, tanto que intentó lograr lo mismo y lo terminó arruinándolo. Aparte, quiso abusar de la confianza al creer que teníamos una buena amistad, tratándome como si yo fuera su amigo o no sé. Esa mujer fue un dolor de culo durante años y no quiero volver a pasar por eso. Es por aquello que siempre les otorgo un bono por sus buenos desempeños, y ya.
—Está de maravilla, Federico, has hecho un buen trabajo. Mira, Damián, cómo lucirá tu empresa.
Mi amigo anima al hombre, que ya sonríe, mientras yo bufo.
—El edificio será alto, señor. Será de treinta pisos. Y sus compartimientos son lo bastante amplios. Llevará tres ascensores; el que será para los empleados, el que usarán las estrellas de cine y obviamente el de usted.
Sujeto mi mentó mientras veo su obra. De verdad es hermosa.
—Mi oficina la quiero grande. Debe tener un minibar. El último piso quiero que lo haga como un tipo de pent-house, por favor —señalo.
Trino abre los ojos como platos.
—¿Para qué uno? —Me mira como si estuviera loco.
—Ese es mi problema. Solo haga lo que le pido.
Federico asiente de inmediato.

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