NYX
Comienza a besarme, apoyado en un codo, mientras la otra mano empuja un poco entre mis labios vaginales.
Sé muy bien lo que viene ahora.
Y aunque anhelo pertenecerle al fin, también me da un poco de temor de repente.
Recuerdo el tamaño de su cosota, las venas palpitantes, el grosor, y me pregunto cuánto dolerá la penetración de ese falo.
—Tranquila, respira, Nyx, estás hiperventilando —su voz suave se filtra en mis pensamientos.
—Nena, confía en mí, te hemos dilatado bien, solo… dolerá un momento… una molestia… nunca dejes de mirarme…
Sus ojos conectan con los míos, mis manos se aferran a su espalda tensa, el sudor corre por nuestras pieles.
—Te amo tanto… deseo darte tanto placer… mmmn —comienza a empujar suavemente.
Sus palabras son miel, me distraen sus besos deliciosos.
Empuja un poco la cabeza y siento la presión.
—Sshh… si tu coño está tan mojadito, bebé… ah, joder, qué rico… mmm… me vuelves loco mi Selenia…
—Ahh —me contraigo incómoda cuando penetra un poco más.
Aidan la saca y la mete, suave, se nota cuánto se está aguantando, la tensión en su cuerpo.
—Nyx, mírame… siempre mírame, nena… solo a mí…
Me pierdo en los destellos de esas hermosas pupilas.
Copos de nieve comienzan a llover sobre la cama y mi corazón late apresurado.
Amo a este hombre, quiero que me tome, que me marque…
Su boca me devora y Aidan al fin empuja en la última barrera.
—Aahhh —mi grito es ahogado entre sus labios.
Se impulsa hacia adelante y me atraviesa con ese pene enorme y duro.
Más de la mitad ha entrado y siento una punzada de dolor en mi vagina.
El olor de mi sangre se extiende entre mis jadeos y sus gruñidos.
Me deja respirar apenas unos segundos y comienza a bombear de nuevo.
Más y más profundo, metiéndola dentro de mí.
Los fluidos de ambos hacen el trabajo.
Me aferro a él, a sus palabras en mi mente, a los movimientos de vaivén de sus caderas.
El dolor se convierte en molestia.
Su falo se sumerge hasta la base, siento los testículos llenos chocar contra mis nalgas.
Me estremezco de pies a cabeza con el placer recorriendo mis sentidos.
Me voy acostumbrando y pronto deseo que me empale más rápido.
—Ssshhh… grrrr… oh sí, sí, joder… nena, qué estrecha… mmmnn, mi amor, me encanta tu coñito… sshhh… eres mía Nyx, solo mía…
Palabras obscenas salen de su boca, sus manos nunca dejan de acariciarme por todos lados.
Me muerde los senos y me chupa los pezones, sus caderas se menean vigorosas.
El sonido de chapoteos y gemidos llena la habitación.
La cama se sacude bajo mi cuerpo.
Me dejo montar por mi macho, escuchando sus rugidos cada vez más bestiales.
El deseo del lobo aullando en él.
Se incorpora entre mis piernas y se aferra a mi cintura.
Con esas palabras sellamos nuestro compromiso.
El aullido emocionado de Vlad estremeció mis sentidos y Theo se acurrucaba alrededor de mi poder.
Aidan apretó la mano en mi barbilla, controlándome como le encantaba hacer a los lobos.
Lamió mi nuca una y otra vez, gruñendo contra mi piel.
Me montó enloquecido, mi sexo abierto solo recibiendo ese grueso falo que se iba engrosando más y más.
Los fluidos me bajaban por el interior de los muslos, mi mente a punto de ver luces de colores.
La mano fue a mi boca cuando los caninos se cerraron profundos en mi cuello.
Grité ronca, arqueándome, con los ojos en blanco.
Dolía, pero de una manera visceral y deliciosa, como si fuera masoquista.
La idea de llevar su marca impresa en mi piel, su esencia, de recibir el nudo salvaje que se hinchaba en la base de su polla, desbloquearon un deseo primitivo en mí.
Exploté en un orgasmo demoledor, pero también liberó las restricciones de mi alma mágica.
Aidan y yo teníamos demasiada química y no fui lo suficientemente precavida.
Algo rugió dentro de mí, se expandió en forma de cadenas que salieron del interior de mi cuerpo y lo rodearon.
Atándolo a mí, siguiendo mis deseos de marcarlo también como mi macho.
Perdía el control y no comprendía lo que estaba haciendo hasta que escuché su rugido de dolor en mi espalda.
El olor de su sangre, los destellos de luz dorada reflejados en el hielo y esa visión de una mano negra sujetando el corazón de Aidan.
“¡No, no, no!”
Entré en pánico al darme cuenta de que había dejado salir el sello Selenia.
Di comienzo a la ceremonia que marcaba mi nombre en el corazón de mi mate, que podía destrozarlo, asesinarlo… y ahora no sabía cómo detenerlo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...