VICTORIA
—Rousse, ¿estás bien?
Me levanté del suelo, aún desorientada.
Fue horrible esa sensación de caer y dar vueltas sin parar.
—Sí, señorita Victoria.
Su voz ronca me respondió.
Se levantó del suelo sobre sus dos metros, cubriéndome con su sombra intimidante, como todo en él.
Se le había caído hacia atrás la capucha negra que siempre usaba sobre el cabello grisáceo.
Sus ojos, igual en una tonalidad de gris, casi blancos, me miraron fijamente.
Estoy más que acostumbrada a los no muertos, pero Rousse sigue siendo imponente, incluso para mí.
Siempre vestido de negro, fuerte, tan serio, con esas cicatrices profundas que atravesaban su cuerpo pálido.
—¿Dónde crees que estamos?
Le pregunté, examinando el callejón en el que habíamos caído.
La basura maloliente se acumulaba en pequeñas montañas.
Flanqueados por paredes negras y sucias.
—Nunca he visitado un lugar así en nuestro reino.
—Creo que no estamos en casa, Rousse —le dije frunciendo el ceño—. Vamos a explorar.
Decidí, subiéndose también la capa sobre la cabeza.
Salimos caminando hasta la calle donde desembocaba este pasillo.
—Puaj, ratas —hice un gesto de asco pateando uno de esos bichejos.
Para mi completa sorpresa, al caer aturdida en la calle principal, no duró ni un segundo.
—¡Atrápala rápido!
—¡Está enorme, qué bueno!
Me quedé perpleja, parada en la esquina al ver un grupo de niños abalanzarse sobre el animal.
Lo capturaron entre los tres, despedazándola en el acto.
Con manos sucias y vestidos de harapos.
La capa de mugre apenas y me dejaba ver el verdadero color de su piel.
Engulleron al animal, arrancándole el pellejo, bebiendo de su sangre.
Eran vampiros.
Lo supe al instante al verlos beber con avidez, con sus colmillitos y los ojos enrojecidos.
Diosa, ¿a dónde habíamos ido a parar?
—No se aleje, no conozco nada de aquí y no me gusta el ambiente.
Rousse me dijo con sus ojos casi blancos fulgurando por debajo de la oscura capucha.
Avanzamos por los adoquines negros, bajo la noche enrarecida por un humo asfixiante.
Sobre los chascos de agua lodosa y las estrechas callejuelas.
Los edificios estaban a punto de desplomarse y en cada esquina se veían sombras reunidas, rostros sospechosos.
Nos miraban extraño, pero el tamaño y la musculatura de Rousse los intimidaba.
Mientras veía más pinceladas de esta ciudad gris, más me convencía de la extrema pobreza.
Hasta que vimos a un grupo de personas correr hacia un sitio.
—El Lord va a pasar por aquí, quizás arrojen alguna comida, ¡rápido, rápido!
Escuchamos que se comunicaban.
—Rousse, vamos a investigar —le dije moviendo mis pasos hacia esa dirección donde corrían muchas personas.
Me cerré bien la capucha y nos sumergimos entre el laberinto de casas, para trepar a un tejado.
Abajo ya se aglomeraban muchísimas criaturas.
Podía sentirlo, todos eran vampiros, puros y algunos mezclados, pero vampiros al fin.
La calle ancha se quedó despejada, esperaban algo y, escondidos entre las sombras de una chimenea ennegrecida, al fin descubrimos qué causaba tanto furor.
El golpeteo de caballos se escuchó de repente.
Por alguna razón que me negaba a explorar, mi cuerpo entero se estremeció al escucharlo.
Debía ser del enojo que llevaba.
—¡Pero Lord, pudo haber causado un accidente!
—¡Solo quería pedir algo de comida! ¡Nos estamos muriendo de hambre!
La vampira al fin reaccionó, los demás lograron sacar algo de valentía para también pedir.
Ese macho Alfa los miró desde su altura.
Se notaba el asco en sus pupilas de lobo, bajo el casco oscuro de la armadura.
—Distribuyan otra ración a través de las rejas —dijo fríamente, tomando de nuevo las riendas.
Era obvio que se marchaba de largo.
Las alabanzas y las gracias por las migajas que ordenó dar ya se escuchaban entre los vampiros.
Lo miré con tanta hostilidad, que creo que sintió mi amenaza.
Antes de azuzar el caballo, de repente subió la cabeza y miró a nuestro tejado.
Estaba segura de que la oscuridad nos ocultaba; sin embargo, siento que pudo descubrir mi presencia.
No rehuí sus pupilas cerrándose en torno a nuestra ubicación.
“¿Qué? ¿Piensas venir a amenazarme también con tu caballito, maldito lobo de mierd4?”
Murmuré retándolo en silencio, a pesar de no estar segura de si me veía o no.
Pude delinear su rostro tan apuesto como orgulloso.
Los ángulos masculinos, la ceja izquierda atravesada por una pequeña cicatriz que le daba un aspecto fiero.
Nariz recta, labios sensuales, pero con esa mueca cruel en ellos, cualquier belleza en ese hombre daba ganas de arrancársela con las uñas.
Cuando creí que nos mandaría a capturar…
—¡Hia! —al final le rugió al caballo y continuó su camino, avanzando por la calle y perdiéndose entre la gente.
No me había dado cuenta de lo rápido que me palpitaba el corazón y las ganas locas que tenía de que realmente viniese a retarme, solo para destrozarlo.
—Rousse, sigámoslo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...