VICTORIA
Sin esperar su asentimiento, comencé a correr por encima de los tejadillos que soltaban tejas por tramos.
Siempre en la distancia segura de los jinetes.
Nos detuvimos sobre un edificio y pude ver a dónde se dirigían.
Unas macizas y gruesas murallas negras dividían esta zona decadente de otra.
No podía ver más allá, pero cuando las enormes y opresivas rejas se abrieron para esos lobos, el aroma que me llegó del otro lado en nada se parecía al tufo de aquí.
Descubrí algunas casas dentro de esas murallas, una ciudad próspera que se asentaba, protegida entre altas paredes.
Mientras aquí morían en la inmundicia, se notaba la buena vida del otro lado.
Las divisiones eran obvias, entre vampiros y hombres lobos.
¿Qué diantres estaba pasando aquí?
—Parece que distribuyen la comida por allí - Rousse me señaló en una dirección donde la gente se abarrotaba en una fila interminable.
En efecto, estaban dando algo de carne vieja a los vampiros que miraban con ojos codiciosos los trozos de cuarta.
No sabía qué hacer.
No tenía ni idea de por dónde comenzar a buscar el regreso a mi casa.
Porque estaba más que segura: aquí no eran bienvenidos los de mi raza y yo no le iba a mendigar a ese Lord hijo de puta para sobrevivir.
—Busquemos algo de información, Rousse —suspiré con dolores de cabeza—. Quizás una taberna, si es que existen aquí.
Pero nada más iba a dar la espalda, cuando mi aguda vista captó algo que no pude resistir.
Esos niños que comieron la rata, se pusieron de acuerdo para robar un trozo de carne de una de las cestas.
Desde mi posición elevada los podía ver, pero lamentablemente para ellos, uno de los hombres lobos que distribuía las provisiones también lo vio.
—¡Párense, sabandijas asquerosas!
Les gritó, corriendo a perseguirlos mientras ellos intentaban ponerse a salvo entre las estrechas calles.
—¡Señorita!
Rousse rugió cuando me vio seguirlos.
Sentía la preocupación del general, pero no me detuve.
Tenía un muy mal presentimiento y se hizo realidad.
Por mucha agilidad que tuvieran, esos niños de entre 10 y 12 años estaban desnutridos y en los huesos.
Ese macho los acorraló en una calle sin salida.
—¡No importa que el Lord sea amable y les dé más comida, su naturaleza de ladrones no la pueden dejar atrás! —les gritó, extendiendo el látigo enredado en la cintura.
Destilando odio mientras los acorralaba contra la pared del fondo.
—¡Ahora les voy a dar una buena tunda para que aprendan cuál es su lugar!
Levantó el látigo, que chasqueó en el aire.
Solo me bastó un segundo para arrojarme del tejado y caer a su espalda con detreza.
Levanté la mano y atrapé la cinta de cuero en el aire, sosteniéndola implacable.
El dolor me atravesó, pero solo avivó mi ira.
—El único asqueroso abusivo aquí eres tú —le dije entre dientes, jalando con todas mis fuerzas su arma y arrebatándola de su mano.
—¡¿Pero qué carajos?!
Se giró entre asombrado y encolerizado.
Cuando vio mis ojos rojos y descubrió que era una vampira, el odio se destiló por sus poros.
—¡¿Cómo te atreves a desafiarme, maldito engendro?! ¡¿Acaso no quieres vivir más?! —me gritó con los caninos afuera, saltándome encima para destrozarme.
—El que no vivirá más serás tú —mi voz sonó mortal a la vez que ondeaba su propia arma y la enredaba en su cuello, estrangulándolo.
Ni siquiera le di tiempo a cambiar a su lobo.
Con el mismo impulso jalé su cuerpo hacia adelante, directo a mis garras, que salieron tan duras como el acero.
Fui a por su garganta, en un solo golpe depredador, sin misericordia.
La sangre caliente me salpicó el rostro y sus ojos aún me miraban llenos de incredulidad.
Parece que habían olvidado estos pulgosos lo que era enfrentarse a un vampiro bien comido.
El olor a hierro inundó el callejón y el cuerpo agonizante de ese soldado cayó sobre la cloaca sucia.
Sin embargo, solo hice dar un paso atrás, y antes de detenerlos, esos chiquillos se abalanzaron sobre él.
“Yo la impuso al tejado, suba a mis manos”.
Se inclinó juntando las palmas.
“¡No, no te dejaré solo, luchamos juntos!”
“¡Señorita, no sea caprichosa! ¡Si algo le sucede, su padre no me lo perdonará!”
Me dio una dura mirada de esas que me intimidaban cuando cachorra, pero que ahora ya no tenían ese efecto.
No importa lo que dijera, todo esto había sido mi culpa y no lo dejaría tirado.
Resoplando, me dio por incorregible.
Pero sabía que si las cosas se ponían difíciles, Rousse me aventaría al techo, aun en contra de mi voluntad.
Cuando ya cuadrábamos los hombros, dispuestos a pelear para abrirnos paso, un ruido terroso se escuchó a mi espalda.
Me giré alerta para descubrir, a menos de un metro de altura sobre mi cabeza, cómo se abría un hueco en la pared de ladrillos.
—¡Rápido, suban, suban!
Una mano se extendió desde las sombras.
Un hombre de cabello rubio y ojos rojos ansiosos nos estaba ofreciendo un túnel de escapatoria.
No lo conocía. ¿Y si me llevaba a otra trampa?
—Confía en mí o quédate a morir.
Me dijo con apremio y no lo pensé más.
Extendí mi mano y sostuve la suya, que me dio un tirón hacia el interior de ese pasaje.
Rousse me siguió de un salto, sin perderme de vista ni un segundo.
El mecanismo de la pared hueca se fue sellando con rapidez a su espalda.
Mientras gateaba en el estrecho espacio, observaba fijamente al macho que nos guiaba.
Mi nariz percibió el aroma de su sangre: era un vampiro, uno de mi clase.
Sentí que al fin había encontrado un puerto seguro en este mundo lleno de opresión.
Así fue como conocí a Marius, un hombre que me deslumbraría con sus ideales… y sus mentiras.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...