VICTORIA
Atrás quedó el peligro y avanzábamos hacia un sitio desconocido.
“Rousse, atento a cualquier trampa”.
Le susurré en su mente, estrechando mis pupilas en la oscuridad.
Aún estaban por verse las intenciones de este buen samaritano.
El túnel serpenteó y se dividió en una red que iba a otros sitios desconocidos.
Al fin, la brisa abanicó un poco el olor mohoso de las paredes, y el vampiro frente a mí saltó hacia una salida.
—Ven, te ayudo —me volvió a extender la mano para ayudarme a dejar el túnel en las alturas.
Lo miré por un segundo a sus ojos rojizos.
Era un hombre muy apuesto, a pesar de los ángulos demasiado afilados por su delgadez.
Estiré la mano y me ayudó a bajar.
El impulso me hizo caer sobre su pecho, rozándonos sin querer.
Fue solo un instante, pero lo sentí olfateándome el cabello.
El olor de la sangre que rugía por sus venas también se filtró en mis sentidos y tenía que reconocer que era muy de mi agrado.
—Gracias —me aparté un poco y miré hacia atrás, viendo a mi general caer pesadamente.
Sus ojos afilados escanearon enseguida el ambiente lúgubre.
Parecíamos estar en unas catacumbas subterráneas.
Las gruesas columnas levantaban el techo y fogatas alumbraban por aquí y por allá pequeños grupos demacrados y hambrientos.
—Ven por aquí…
—Espera, ¿por qué nos has salvado? ¿Qué pretendes?
No daría ni un paso más hasta que no me hablara claro.
—Vi cómo ayudaste a esos niños, a través de las grietas en la pared —me respondió.
—. Me disponía a subir a la superficie cuando presencié tu acto de valentía.
Lo examiné detenidamente, parecía sincero.
—Mira, no tengo ninguna intención oculta o ya te hubiese entregado por un trozo de carne. Se nota que no eres de este feudo.
—¿Qué me delató? —le pregunté alerta.
Aunque al momento me arrepentí al ver su ropa raída, la sombra de su barba y la suciedad circundante.
—Lo lamento, yo no…
—Tranquila, eso mismo te delató. Estás demasiado… limpia y alimentada.
Me dio una sonrisa llena de tristeza y miles de pensamientos que no pude comprender.
Al final terminamos siguiéndolo.
A través del inmenso subterráneo donde vivían muchas familias de vampiros, y una escena era más descorazonadora que la otra.
—Bienvenida a mi humilde hogar —me dijo, apartando una cortina descolorida y llena de agujeros.
Pasamos a una especie de cueva cavada en la piedra.
Parecía que toda esta red de construcciones se extendía bajo la ciudad.
Los ojos rabiosos de ella, se cruzaron por un segundo con los míos antes de seguir al tal Edgar.
No me gustaba su actitud, supongo que era el mismo medio tan hostil que la llevaba a ser desconfiada.
*****
Esa noche conocimos al grupo de Marius.
Un grupo de vampiros que se habían reunido, más allá de que no eran familia, solo para protegerse y resistir.
—No es mucho, pero coman algo.
Marius nos pasó unos cuencos con algunas cucharadas de un líquido negro que me dieron hasta arcadas.
—No tengo hambre, tranquilo. Guárdenlo para ustedes —le dije lo más educada que pude.
—Lo lamento, es lo único que tenemos…
—Marius, por la Diosa, no tienes que disculparte —le dije hasta con vergüenza y tomando al final la sopa.
Me la llevé a la boca y la bebí sin respirar.
Hablamos todos alrededor de una fogata.
Ellos bebiéndose con ansias, eso que llamaban caldo. Algo me recordó a las ratas del callejón.
—Yo no necesito comer —escuché la voz de Rousse y hasta lo envidié.
Lo miraban con curiosidad, pero nadie le preguntó directamente qué era.
—No menciones aquí a esa maldit4 que nos ha abandonado —de repente esa mujer, la tal Sophie, me dijo con el odio filtrándose entre sus dientes.
—¡Sophie, ya basta!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...