VICTORIA
Marius de nuevo la regañó. Me tenían un poco cansada sus berrinchitos.
—¡¿Qué quieres que diga?! ¡Que le agradezco a la Diosa por haberles dado el poder a esos perros para destrozarnos, de tenernos como sus esclavos, de mandarnos a estas cloacas!
Gritó levantándose de la baqueta que rodó con un estruendo.
Por mucho que Marius intentó persuadirla, salió corriendo y llorando.
El silencio incómodo llenó la estancia.
—Lo lamento por eso… ella, bueno, solo es más sincera y dice lo que todos pensamos —me dijo avergonzado.
—¿Qué está sucediendo aquí entre ustedes y los hombres lobo?
—¿De verdad no sabes nada? —el tal Edgar me preguntó, y negué.
—Bueno, vengo de otro lugar —le dije escuetamente.
Así fue como me enteré de la situación de este reino, dividido entre dos fuerzas principales: los hombres lobo y los vampiros.
—¿Y por qué los tratan así? ¿Solo porque pueden?
Le pregunté a Marius, y él me miró con ojos complicados, luego vi que intercambió miradas con los demás.
¿Qué tanto misterio?
—Bueno… estábamos en equilibrio desde el inicio, pero los hombres lobo consiguieron de alguna manera un objeto mágico muy poderoso. Algunos de ellos se volvieron unas bestias en dos patas con cabezas de lobos.
Lycans. Avanzaron a lycans. ¿Cómo fue posible semejante evolución?
Según su historia, el feudo estaba dividido en las dos fuerzas.
No se soportaban, pero convivían.
Existen más feudos en este vasto continente.
Algunos ya fueron tomados por los hombres lobo y otros dirigidos por los últimos vampiros libres.
Pero esta era la capital y, debido a que los lobos la dominaron, la balanza se inclinó hacia su raza.
—Pero ellos no hacen magia, siento que hay un hechizo en el aire —les dije.
Necesitaba comprender bien esa parte, para descifrar cómo romper el encantamiento y usar mis poderes.
—Las brujas son muy escasas y el Lord las tiene prisioneras y trabajando para ellos. Son las que tejen este encantamiento alrededor de la capital —Edgar me respondió.
Entre un relato y otro comprendí lo esencial.
Los hombres lobos aquí eran unos hijos de puta, y el mayor de todos era su jefecito.
*****
—¿Cómo puedo hacer para ayudarlos? Porque seamos honestos, ¿me trajiste aquí por algo, no?
Cuando todos se fueron a dormir en sus rincones, nos quedamos solo Marius, Edgar, Rousse y yo.
—Victoria, yo no…
Marius me llamó por mi nombre, ya todos nos habíamos presentado.
—Seamos sinceros, Marius. Yo necesito buscar la manera de regresar a mi casa, así que hablemos claro.
Lo observé con la misma intensidad que mi padre hacía cada vez que intentaba intimidarme.
Suspiró después de un tiempo.
—Confieso que te vi tan fuerte… Todos nosotros somos considerados rebeldes, hacemos lo que podemos, pero nuestras cabezas tienen precios.
Me asombré al escucharlo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...