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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 676

VICTORIA

Me encontraba lista para destrozarla.

De verdad solo buscaba que me diera la excusa perfecta y ella me la dio.

Se notaba que estaba colada por Marius, pero yo no tenía culpa de que él ni la mirara.

Saqué mis colmillos, siseando amenazante; su mano se movía como en cámara lenta frente a mis ojos.

“¡No te metas, Rousse!” le ordené en su mente al ver sus intenciones de pararla.

Hoy le daría una lección a esta presuntuosa, que jamás olvidaría.

Pero en el último segundo…

—¡Sophie, ya basta! —el grito de Edgar sonó como un estruendo.

Se interpuso entre nosotras llevándose el ataque de esa histérica y yo casi abro surcos también en su espalda.

—Sshh —siseó dolorosamente— ¡Estás loca, maldit4 psiquiátrica! ¡El hambre te tiene el cerebro tupido!

—¡¿Cómo te atreves a hablarme así?! ¡Sabes muy bien quién soy, Edgar, no te equivoques! —ella le gritó de vuelta.

Noté que los demás comenzaron a intercambiar miradas y a ponerse nerviosos.

¿De qué se trataba todo esto?

—¡Esa mujercita no me va a quitar a Marius! ¡Él es mi…!

—¡Cállate de una puta vez! —la abofeteó con todas sus fuerzas y la vi cayendo al suelo y tocándose la cara.

El asombro asomaba en sus ojos muy abiertos.

La mejilla se le hinchaba a una velocidad increíble.

No me gustaba la violencia contra las hembras, pero de verdad, esta Sophie era insoportable.

—¡Ven conmigo, desquiciada! —saltó encima de ella, agarrándola por el brazo y llevándosela fuera de la caverna.

—¡Suéltame, suéltame!

La vampira gritó, pero no era rival para Edgar, que la sacó al exterior.

El silencio incómodo volvió a la estancia.

—Señorita Victoria, no ponga atención en las palabras de Sophie, ella solo está celosa.

Se me acercó una de las mujeres más ancianas.

—Siempre ha perseguido a Marius, tiene delirios de que él la ama —agregó otra—. Aunque es obvio para todos en quién él está interesado.

Me miraron fijamente y tenía que ser tonta para no entender lo que insinuaban.

Me sentí algo incómoda, pero tampoco dije nada para llevarles la contraria.

—Le daré de mi sangre, tráiganme más vendajes —murmuré, girándome de nuevo al camastro y asistiendo a Marius, que temblaba y estaba más pálido que de costumbre.

Lo alimenté con mi poderosa sangre.

Sentí la descarga de placer cuando encajó sus colmillos en mi muñeca y abrió los ojos enrojecidos.

Se quedó mirándome fijamente mientras su boca se movía y su lengua dejaba un rastro ardiente sobre las punciones de sus caninos.

La excitación de la alimentación me recorrió.

Porque no lo hacía solo como camaradas, admito que Marius me atraía.

El olor de su sangre era de mi agrado y su físico, a pesar de la vida dura.

Era un hombre atractivo y si hubiésemos estado en una situación diferente, quizás ya lo hubiese tomado como mi amante.

Se desmayó de nuevo procesando mi líquido vital.

Sentí como las lágrimas rodaban por mis mejillas, estaba de lado, sobre el duro suelo, mirando a la fría pared de la cueva.

No puedo seguir aquí, compadeciéndome de la situación de los vampiros; este no es mi mundo ni mi problema.

—Vicky, ¿estás bien?

De repente, una presencia se arrimó a mi espalda y acarició mi brazo.

—Marius —me giré lentamente para verlo cerca de mí.

—Estás llorando —su rostro se frunció con preocupación.

Sus dedos fueron a acariciar mis mejillas.

—Yo… tuve un sueño con mi gente —confesé bajando la cabeza.

Les había hablado a él y a Edgar de dónde provenía.

Después de estar juntos un tiempo me sentí con más confianza.

Necesitaba ser sincera con alguien de aquí, que me diera pistas de cómo regresar.

Estaba vulnerable, la adrenalina de la aventura daba paso a veces al miedo de no poder regresar con mi familia.

—Todo va a estar bien, Vicky. Te voy a ayudar en lo que pueda —me dijo y sentí el susurro de las mantas bajo la cama improvisada.

El calor del cuerpo de Marius se acercaba al mío.

No era idiota, más de una vez me había hecho insinuaciones bien directas.

—Gracias por alimentarme… tu sangre es lo más delicioso que he probado jamás —susurró con la voz hechicera que usaba mi raza para el apareamiento.

—Marius, no estoy segura de esto…

—Solo te pido que me dejes entrar, Victoria. Dame una oportunidad, bebé, siempre estás en guardia —tomó mi barbilla y la levantó con lentitud.

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