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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 677

VICTORIA

Estábamos a solo un suspiro y lo vi bajar el rostro para besarme en las mejillas.

Lamió mis lágrimas con paciencia y se fue acercando a mis labios.

No lo detuve y le permití besarme.

Su boca se movió sobre la mía, su lengua explorando los contornos, buscando penetrar.

Me fue recostando sobre las mantas, su pecho duro pegado al mío, una mano sostenía mi espalda y la otra mi cintura.

Sentí su peso masculino dominándome contra el suelo, metiéndose entre mis piernas.

Su beso sensual comenzó a tornarse más apasionado, agresivo.

Nuestros caninos chocaban y la lujuria circulaba por nuestras venas.

Su mano acarició mi falda y la fue subiendo por mis muslos desnudos.

En medio de la oscuridad se escuchaban nuestros gemidos ahogados en besos.

Mis ansias picaban, deseaba alimentarme, las pupilas se contraían en rojo.

Hace mucho que no hacía el amor y me gustaba rudo, duro, que me enloqueciera de placer y me hiciera gritar como una puta.

No soy doble cara como Lyra, yo sé muy bien lo que anhelo y lo que me prende de verdad.

—Mmmm Vicky, te deseo tanto… —sus gruñidos se perdieron en mi garganta.

Su polla dura empujaba sobre mi muslo, sus dedos buscaban colarse bajo mi braga.

Sin embargo, a punto de abrir las piernas y dejarlo manosearme profundamente, mi mente me jugó una pésima pasada.

Esos intensos ojos avellanas, llenos de hostilidad, destellaron en mi memoria.

Su aura de lobo maloso, la armadura negra que se ceñía a esa silueta tan masculina.

—Mmnn —gemí con los ojos cerrados por las chupadas en mi escote, cerca de mis senos.

Imaginando gruñidos salvajes. Que estaba indefensa bajo esa mole de músculos y testosterona.

Esas pupilas lobunas me devoraban llenas de perversiones y promesas lujuriosas.

Abrí más las piernas, empujando la pelvis para que me tocara bien rico el coño.

Sentía los jugos escurrirse de mi interior, los espasmos de la vagina, pero admito que no por el manoseo de Marius.

Es cierto… estoy con Marius…

—Sshh, me encantas, nena, déjame lamerte entre las piernas…

—Espera, Marius — me senté como un resorte.

Lo empujé mucho más fuerte de lo que pretendía cuando comenzó a descender con la clara intención de lamerme la concha.

—¿Qué sucede, Vicky? ¿Hice algo mal? —se quedó contrariado.

La calentura de repente se iba enfriando.

—No, tú no… yo… —“estaba excitándome mientras pensaba en ese lobo indeseable.”

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