VICTORIA
De repente su Beta irrumpió en la pequeña habitación que ya estaba abarrotada.
Cuando me vio frunció el ceño y enseguida captó la situación peligrosa.
—Mi Señor, ya está el listo el cargamento. Podemos regresar a la fortaleza.
Le habló en voz baja, como si tratara con una fiera peligrosa.
El general se paró a mi lado dándome una de sus miradas reprobatorias.
El Lord se quedó de pie, parecía dudar.
Alternaba su mirada penetrante entre el Rousse y yo, supongo que pensando si terminaba por destrozarnos o nos llevaba prisioneros.
—Vámonos.
Casi suelto un suspiro al escucharlo ladrar esa orden.
Se marchó como un vendaval por donde mismo vino.
Esa mujercita lo siguió pegada a él como un chicle.
Doble moral.
Si me dejó libre, ¿para qué me quería ahora de vuelta?
La habitación se quedó casi vacía.
—Empaque las cosas que compramos, nos las llevamos —Rousse le habló a la pobre doncella que temblaba en una esquina.
No la culpo, el aura opresiva que se desplegó aquí hizo gimotear a su loba de dolor.
La presión de la jerarquía era demasiado fuerte.
Cuando salimos de la tienda y caminamos por las estrechas calles, me di cuenta enseguida del cambio.
Se notaba que el Lord estaba de visita, no había ni un vendedor ambulante o contrabandista.
Temían las consecuencias de romper las reglas.
—Tiene buena zurda ese tipo — Mi no muerto masculló tocándose la barbilla.
“Rousse, ¡te voy a curar!” Meridiana exclamó angustiada.
—No, no, déjalo así. Me agrada sentir… algo de dolor, para variar.
Escuché las conversaciones en su mente mientras caminábamos a la posada.
Aunque mi atención siempre estaba concentrada en las cosas que pasaron.
—No sé si esto es bueno o es malo —suspiré.
— Ese hombre tiene algún interés especial en ti. Algo me dice que accederemos a la fortaleza más rápido de lo que planificamos.
Y el general tenía toda la razón.
No sé a qué estaba jugando el Lord de estas tierras, pero su acoso no se había acabado.
*****
—Auch… Meridiana, mujer, ¿todavía estás molesta por el golpe que le dieron a Rousse?
Siseé de dolor por el “tatuaje” que me estaba grabando con magia en la ingle.
Vamos, que sin ver y con el enojo que llevaba, las dos pequeñas iniciales parecían centellas.
—No estoy molesta —dio un paso atrás, pero sus mofletes hinchados la delataban.
Era tan linda que no me pude ni enojar con ella, aunque casi se le resbala el dedo y me tatúa la concha.
—Bueno, si tú lo dices… ¿Esto cuánto durará?
Pregunté mirando la Z y la V.
Ahora que lo pensaba, tatuarme las iniciales de papá en la ingle parecía un poco “inusual”.
Pero no tenía ni idea de quién más ponerme, y quedamos en que Rousse se llamaría Zarek.
No sabemos si el Lord va a investigar.
Si sabía mi nombre, quizás también el del general.
Por suerte, su apariencia está tan cambiada que es imposible que lo reconozca.
—Quizás en un mes desaparezca, no es permanente. Me voy —me dijo invocando su niebla.
Pero en medio del proceso agregó.
— Me caes bien Victoria, de verdad. He visto que Rousse te tiene mucho cariño. Pero no me gusta que se ponga en peligro por tus planes disparatados.
Me asombré por sus palabras, incluso algo frías.
— No permitiré que nadie le haga daño, ya ha sufrido demasiado. Así que piensa un poco también en él cuando hagas tus locuras.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...