ROUSSE
Sentía el temblor en sus manos sobre mis rodillas.
Mis propios deseos me incitaban a devorarla.
¿Qué estaba haciendo, maldit4 sea?
Quizás no debería…
Pero antes de alejarme, Meridiana dio el paso final.
Esos regordetes labios entreabiertos se pegaron a los míos.
Con torpeza, rígida, pero no era el intercambio de magia de siempre.
Resultaba imposible malinterpretarlo. Estaba besándome.
Me quedé con los ojos abiertos, asombrado, indeciso…
Hasta que un gemido bajo vibró en su garganta y mandó al carajo todas mis dudas.
Respondí a ella, al aroma embriagante que estaba desprendiendo su piel.
Sus senos se pegaron a mi duro pecho, sus manos acariciaron mis hombros.
La tomé de la cintura, cargándola sobre mis muslos y abrazándola contra mí.
Parte de mis complejos me gritaban que la alejara, pero las reacciones de Meridiana no parecían las de una hembra asqueada.
Su magia oscura y fría entraba por mi boca, se colaba por cada célula y recorría mis venas estériles.
Sin embargo, lo que me hacía sentir más vivo era ella, su inocente seducción.
Me tenía hechizado y sin tener experiencia siquiera.
—Respira, pequeña, espera… por la nariz, eso, eso…
Los jadeos apresurados salían de sus labios rojos, como fresas que provocaban morder.
De repente, un pensamiento bastante pervertido atravesó mi mente.
¿Sería así de rosada en todas las partes comestibles de su cuerpecito delicioso?
—¿Te duele? —me preguntó arrugando el entrecejo.
No sabía si reír o llorar, aunque sé que se refería a mi reacción por su magia.
Por primera vez en mucho tiempo, deseé hacer una broma.
—¿Las mordidas que le diste a mi boca como si fuese un caramelo?
—¿Qué? Ay no, lo lamento, te voy a curar…
Una sonrisa apareció en mis comisuras al verla en apuros.
—No me dolió nada —dije tomándole la mano y besándole el dorso.
En medio de la oscuridad podía ver muy bien cada una de sus reacciones.
—Meridiana, me gustó mucho cómo me diste de tu magia —me atreví a decirle con voz ronca.
Arriesgándolo todo.
Ella se podía alejar de mí como había sido rechazado otras tantas veces.
Mejor eso a seguirme ilusionando.
—¿En serio? Yo nunca… —bajó la cabeza enseñándome esos remolinos rubios.
—Nunca he estado con un macho. No sé hacerlo bien.
Mi marchito corazón dio un vuelco.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...