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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 703

ROUSSE

—Meridiana… ¿Paramos? No temas, si no quieres continuar…

—Sí quiero…

Sostuvo mi cabeza con fuerza y me ocultó entre sus pechos.

Me susurraba al oído y podía escuchar claramente el retumbar de su corazón.

—Si eres tú, Rousse, lo quiero todo… contigo, estoy dispuesta a todo…

Su confesión me dejó sin palabras.

Sentía mi alma vibrar, la ilusión volviendo a mí, las ansias de amar más fuertes que nunca.

La abracé, besando su cuello, su cabello…

Queriéndole decir tantas cosas y a la vez no sabía cómo hacerle llegar todo lo que estaba despertando en mí.

En poco tiempo se me había colado bajo la piel.

Sin embargo, yo no era el hombre que podía darle “todo”.

Conmigo jamás tendría una familia, ni un macho que le pudiera hacer el amor…

Descubriría muy pronto que solo se había encandilado con un extraño que fue amable con ella y la salvó.

Pero al menos por hoy, por esta noche… deseaba ser egoísta, aunque luego sufriera la peor de las decepciones.

—Entonces, déjame ayudarte a liberar esa presión en tu vientre… te haré sentir bien…

Tomé su barbilla y la hice subir la cabeza.

Asintió, mordisqueándose el labio con nerviosismo.

Es tan hermosa.

—Puedo hacerlo bien…

—Solo tienes que dejarte llevar, Meridiana —me incliné para lamerle los labios y estirarlos en una deliciosa chupada.

—Tu placer es mi placer, déjame saborear a qué sabe el orgasmo de una hembra tan perfecta…

Fui empujándola hacia la cama, entre susurros lascivos y besos apasionados.

Bajé por su cuerpo y recorrí su mandíbula, su cuello…

Acuné los dos tiernos pechos entre mis enormes manos para devorarlos.

Comerme esos pezones rosados y duros.

Colándome entre sus piernas abiertas, cubriéndola con mi silueta.

En la estrecha cama, entre sonidos ahogados, besé cada centímetro de su piel.

Casi le arranqué el vestido para desnudarla y enganchar los dedos en su braga.

—Pequeña… aún puedes decir que no…

La miré mientras le daba la última oportunidad de parar esto, rogando en mi interior porque no se negara.

—Rousse, no dudes más de lo que siento por ti. No voy a rechazarte…

—Maldit4 sea, nena, no hagas esto conmigo…

Suspiré bajando la cabeza para dejar besitos en su vientre como algo sagrado.

—No podré soportarlo si luego te das cuenta de mi fealdad…

Cerré los ojos, intentando no sonar como el hombre patético que me sentía.

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