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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 701

ROUSSE

No me dormía, preocupado por Victoria, aunque sabía lo poderosa que era.

Acostado en el suelo, sumido en la oscuridad de la habitación, la sentí regresar.

Me levanté enseguida a verificar que estuviese bien y entonces lo escuché: el sonido de su llanto ahogado.

Después, el aullido de un lobo macho a lo lejos.

—Espera, Rousse —la voz de Meridiana me detuvo desde la cama.

Vi su silueta levantarse.

—Lo siento, te desperté…

—No había dormido, también estaba preocupada —me dijo en voz baja.

Ambos compartíamos este pequeño cuarto por razones obvias.

Si tenía que salir de repente o entraba el servicio, necesitaba verme “normal”.

—No vayas ahora, ella… creo que necesita estar sola —murmuró, y asentí suspirando.

Esto no le va a gustar nada a Zarek.

Cuando Victoria estaba tonteando con ese vampiro, no me importó.

Pero ahora, hasta yo, que no era un experto en el amor, lo podía ver:

Ese macho decía que la odiaba, pero la manera obsesiva en que la miraba gritaba lo contrario.

—Duerme entonces, descansa —le dije, acomodándome de nuevo sobre la manta en el suelo.

—Espera, Rousse, yo… no puedo dormirme, ¿me puedes ayudar en algo?

—Claro, ¿qué sucede?

Volví a erguirme, poniéndome de pie y dando unos pasos para estar al lado de la cama.

—Sien… siéntate —palmeó frente a ella, y se veía algo nerviosa.

Me senté en el estrecho colchón, en el espacio a sus pies.

—Bueno, la cosa es que… yo… ¿cómo explicarte?…

Comenzó a balbucear y no entendía nada.

De repente, pensé en una posibilidad.

—¿Te sientes incómoda compartiendo la habitación conmigo? —le pregunté frunciendo el ceño.

—Por eso te dije que podías quedarte con la Srta. Victoria…

—¡No! Digo… no es eso —bajó de nuevo la voz

—. Es que me… bueno, me duele un poco el… el vientre porque estoy cerca de esos días, ¿sabes?… los días especiales de las hembras.

¿Los días especiales de las hembras? ¿De qué estaba hablando?

Me quedé mirándola de arriba abajo.

Mi experiencia en mujeres era la misma que con la cocina… basta escasa.

—¿Me harás decirlo, verdad? —suspiró resignada.

—Lo lamento, pero no entiendo mucho sobre cosas de hembras… ¿llamo a Victoria?

—No, no, escucha, es… —se inclinó hacia adelante.

Sus pequeñas manos palparon mis muslos para apoyarse.

Me puse rígido como cada vez que se acercaba de esa manera tan… íntima.

Ni siquiera podía malinterpretarla, sabía que no lo hacía con otras intenciones… aunque ya no estaba tan seguro.

Tapándose los labios, se acercó a mi oído como si de verdad alguien pudiese escucharla.

—El período… me duele el vientre porque me acerco a mis días…

Joder, ni en un millón de años hubiese adivinado eso.

Es más, me puse hasta nervioso.

¿Qué se supone que hace un macho cuando su hembra… bueno, cuando una hembra entra en esos días?

—¿Te busco algo?

—No, ahora no tengo nada —se movió un poco hacia atrás, pero aún cerca de mí.

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