NARRADORA
Rousse miraba embelesado a la pequeña mujer entre sus brazos.
Aún no se creía que Meridiana lo hubiese aceptado como amante.
Acariciaba su mejilla con suavidad.
Aspiraba su aroma delicioso que le llenaba el alma.
Deseaba quedarse para siempre metido en esa burbuja rosada, pero pronto supo que era el momento de enfrentar la vida real.
Su oído sensible escuchó los pasos de botas subiendo por las escaleras hasta el segundo piso.
La cadencia, la fortaleza de las pisadas, el ímpetu en el andar… era el Lord quien se acercaba a sus habitaciones.
“Mi amor, despierta, Meridiana, despierta, bebé, tenemos compañía”
La hechicera apenas y tuvo tiempo de tallarse los ojos cuando comprendió la gravedad del asunto.
Enseguida se sumió en el mundo interior de su General.
Los pasos se detuvieron justo frente a la puerta de Rousse.
Afuera, Dracomir esperaba ansioso, aunque aparentaba indiferencia.
No había dormido y su semblante se notaba un poco demacrado.
Sus ojos se movían constantemente hacia la última puerta en el pasillo.
Era el cuarto de Victoria.
Al menos dormían en habitaciones separadas y eso era un alivio para su celoso corazón.
La puerta fue abierta de repente y ese macho lleno de rarezas se paró frente a él.
—Lord, ¿a qué debo su visita tan temprano?
—Necesito hablar contigo —prácticamente le ordenó—. No aquí, vayamos a otro sitio.
Sus pupilas se movieron imperceptibles hacia la hendidur4 bajo la puerta de Victoria.
La podía sentir, ella estaba espiándolos.
—¿Y por qué debería alejarme con usted a un lugar desconocido? ¿Piensa eliminarme en secreto?
Rousse no se dejaba presionar por su aura intimidante.
—Si quisiera desaparecerte, ya lo hubiese hecho sin tantos rodeos. No olvides que estás en mis tierras —Dracomir le recordó entre dientes.
—. Vamos.
No perdió más tiempo en idioteces.
Tenía que regresar hoy mismo al campamento, pero no lo haría sin ella.
Lo había pensado tanto en las horas que se separaron.
No iba a dejarla ir, eso fue una pésima idea desde el inicio.
Con su lobo o sin él, Dracomir lo sabía, Victoria debía ser su mate.
Solo eso explicaría lo loco que estaba por esa vampira.
******
Avanzaron finalmente por el pasillo y, antes de descender las escaleras, el General miró hacia atrás.
Victoria estaba en el umbral de su puerta, mirándolo con ojos trasnochados y rojizos.
“Ve, Rousse, yo estoy al pendiente”

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...