NARRADORA
Casi le pareció escuchar el suspiro de alivio que soltó Dracomir.
— Aquí preparé un contrato… lo firmas con tu sangre.
El Lord no había perdido tiempo.
Rousse no dijo nada, solo tomó el pergamino y lo examinó.
Ni se llamaba Zarek, ni Victoria pertenecía a ningún feudo de este mundo.
—Está bien, me parece justo. Solo quiero agregar que la entrego de buena voluntad y espero comerciar en el futuro con su fortaleza.
Fingió que sacaba más ventajas, como cualquier noble.
Se rasgó la yema del dedo con los dientes y estampó la huella en el espacio al lado de su nombre falso.
—Me aseguraré de que sea bienvenido, pero no lo quiero cerca de mi… esclava.
Dracomir recalcó el “mi” con un siseo amenazante.
Las pupilas de lobo le dieron una última mirada de advertencia a Rousse antes de marcharse de la cantina.
El Lord no era idiota.
Había mandado a investigar si de verdad ese apellido de noble existía en el otro feudo de hombres lobo.
Lo que pasa es que la distancia era demasiada y demoraba.
Había algo en este tal Zarek que no terminaba de convencerlo.
No pudo sondear a su parte animal.
Pero fuera verdadero o falso, nadie le quitaría a Victoria.
Rousse lo vio salir con ímpetu y recogió las monedas de la mesa.
No dejaría un botín que se le había regalado.
Ya tenía en mente todas las cosas que le compraría a su brujita, mientras Victoria jugaba a la esclava sacrificada.
*****
Draco se encontró a su Beta en la entrada de la taberna.
—Señor, como ordenó, ya tengo preparados los caballos y los hombres están listos.
—Bien, avancen hasta la salida del pueblo, yo los alcanzo —Dracomir le dio las instrucciones, ansioso por subir las escaleras.
Pero su Beta aún tenía más que informar.
—Señor, la Srta. Celia insistió en regresar con nosotros.
—Maldita sea… —Draco masculló con fastidio.
No era una hembra que se pudiese sacudir de encima como a una mosca cojonera.
Era la hija de dos personas demasiado importantes para él.
—Custodien entonces su carruaje y no hablen nada de este asunto —Dracomir le dio una última mirada, viéndolo asentir.
Sabía que esto le generaría dolores de cabeza.
Pero encontró a Celia por casualidad de compras en este pueblo y ahora la llevaría a salvo a la fortaleza.
Los pasos del lycan se desaceleraban a medida que se acercaba a esa puerta.
Maldición, pocas veces se había sentido tan nervioso en su vida.
Subió la mano y tocó con suavidad, varias veces.
Le dijo venenosa, pero Dracomir se acercó sin miedo al peligro.
—Estoy dispuesto a tomar ese riesgo… y todos los demás. Solo necesito algo de tiempo, Victoria, solo un poco de paciencia…
El lobo estiró los dedos, necesitaba tocarla como le era imprescindible respirar.
Pero a punto de acariciar su mejilla, ella dio un paso atrás con la terquedad clavada en esos fríos ojos.
Draco encogió los dedos con el dolor y la desconfianza danzando entre ambos.
La mano cayó colgando derrotada.
—Vamos, te espero afuera para que te cambies —comenzó a retirarse hacia la puerta.
—Te sientes muy seguro de que no voy a huir —escuchó la burla de ella cuando estaba a punto de mover el picaporte.
—No hay lugar donde te puedas escapar de mí, mi vida… yo te encontraré, aunque sea bajo tierra.
Susurró antes de dejarla sola, pero ella lo escuchó alto y claro.
Los orbes de Victoria se llenaron de bruma.
"Lobo tonto… a veces no sé si odiarte, aborrecerte… o perdonarte"
Victoria se apretó la nariz con cansancio.
Llegó a una conclusión durante la noche de insomnio.
No tenía clara toda la información. Draco ocultaba más de lo que decía.
No era solo odio por su raza, porque sí, por malicia… había algo más.
Las respuestas estaban en esa fortaleza impenetrable, y quisiera el Lord o no, ella las iba a desenterrar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...