VICTORIA
Me quedé en el umbral de la puerta, protegida bajo la carpa, mientras lo veía arrastrar brutalmente a ese hombre.
Su rugido activó todo el campamento en un segundo.
Su aura de lycan se expandió, acojonando a los lobos guerreros.
No había duda de quién era el jefe.
—¡Sé que muchos tienen preguntas sobre la hembra que me acompaña, no tengo los oídos pintados en la cabeza!
Me asomé para verlo subirse sobre una mesa de madera que traqueó como si llorara con su peso.
Las miradas abajo, sin excepción.
—¡Sus dudas o quejas me tienen sin cuidado, a quien escoja como mi amante es mi problema!
Los miraba con un salvajismo que helaba la sangre, sus caninos afuera, listo para desgarrar.
Pero siempre había un estúpido.
—Se… señor, pero es una vampira y nos había dicho primero que la tomáramos como prisionera… ¡Aaafgrr!
No terminó de hablar cuando algo silbó en el aire y fue directo al guerrero que había murmurado.
El cadáver de ese hombre que me trajo el agua fue degollado por Draco y enviado a volar para impactar sobre él.
Lo arrojó al suelo con un golpe sordo y un aullido de dolor.
Se salpicó por completo con la sangre que salía en cascada del cuello abierto por las garras.
Nadie lo ayudó, solo dieron un paso atrás, dejándolo en el suelo, intentando quitarse al muerto de encima, avergonzado.
Estaba más que claro lo que le pasaría a quien siguiera protestando.
—Yo fui quien ordenó tomarla prisionera, no fue orden del Señor —la voz del Beta les habló a todos con una mirada afilada.
Recuerdo muy bien que fue él quien me apresó la primera vez.
—¡Ya fuera orden de Silvio o mía, ahora estoy dejándolo bien claro para ustedes! —el Lord rugió con ímpetu—. ¡Esa hembra vampira es intocable! ¡Me pertenece!
Mi corazón dio un vuelco y la respiración se me aceleró.
—¡El que la toque o siquiera la mire, le voy a arrancar los ojos y la garganta! ¿Alguna duda al respecto?
Nadie dijo ni pío. El miedo flotaba en el aire.
Dracomir era un hombre temido y cruel cuando quería.
—¡PREGUNTÉ SI QUEDÓ CLARO!
—¡Sí, Lord de la Fortaleza Oscura!
Rugieron todos con la misma convicción que si fuesen a una batalla a muerte.
Mis ojos estaban clavados en ese poderoso lobo sobre la mesa, bajo la luz de la luna que ya había salido.
Era la bestia más sexy que había visto jamás.
Diosa, si no fuese tan hermético y no tuviese tantos secretos y odios hacia los vampiros...
Suspirando, lo vi dar un salto y hablar algo con su Beta.
Los hombres despejaron el claro en un pestañeo.
Le tocó al protestón hacerse cargo del muerto.
Iba de regreso al interior de la carpa, pero una mirada demasiado maliciosa llamó mi atención.
Desde la arboleda, más allá del campamento, alguien me observaba.
Ojos rojos lobunos, llenos de malicia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...