VICTORIA
Empujé mis nalgas a propósito contra su apretado pantalón de cuero, sintiendo ese falo estremecerse emocionado.
Metió la lengua en mi oído, chupándome eróticamente.
Ya su mano se cerraba sobre un pezón y la otra iba directo a tocarme entre las piernas.
—Mi mujer… Mmn… déjame revisar que estés bien…
Sus dedos se hundieron con delicadeza, sondeando mi vulva, acariciando sin prisas
y con dulzura entre los pétalos.
Estuve a un paso de ceder.
Ardía en deseos de permitirle tenerme…
—Le dije que estoy bien y ya déjeme bañarme en paz…
Reuní valor para liberarme.
Le hundí las uñas en el brazo y lo aparté bruscamente, caminando hacia la tina, completamente desnuda.
Sentía su mirada devorándome, sus bufidos frustrados.
Me colé detrás del fino biombo dando el suspiro que tenía contenido y me incliné para quitarme los botines.
Casi podía escuchar sus jadeos con la lengua afuera. Ese lobo pervertido.
Una sonrisa perversa apareció en la esquina de mi boca.
Pero volví a mi fingida dignidad mientras me sumergía en la enorme tina.
Era descomunal y pesada, claro, hecha para el cuerpo gigantesco de ese musculoso lycan.
Suspiré de placer porque el agua seguía calentita.
Lo ignoré completamente mientras me subía el cabello y me hacía un moño en lo alto.
Sin embargo, una sombra cubrió el baño y me fue imposible hacerme la tonta cuando vi lo que pretendía hacer.
—¿Qué… qué hace?
Mi voz salió entrecortada al verlo de pie, desnudándose en toda su gloria.
Se sacó la túnica por encima de esos fuertes antebrazos.
Tiró de los botones del pantalón negro que se le pegaba como una segunda piel.
Lo bajó sin pudor ninguno, mostrándome esa orgullosa erección que casi me hace un guiño.
Maldit4 sea, qué cosa más gruesa y deliciosa.
Los recuerdos de cuando me penetró tan rico en el río aún hacían eco en mi mente.
—Me voy a bañar también, hay que ahorrar el agua que es escasa —me dijo con todo su morro.
Sacándose las botas e inclinándose sobre el borde de la bañera.
Mis ojos pervertidos no podían dejar de mirar los pelitos rubios en esos fuertes pectorales y los tatuajes que se enredaban por sus brazos.
El que rodeaba su cuello, en particular, era el más oscuro y llamativo.
—No hay… no hay espacio… —Maldición, ¡suena más segura, mujer!
Pero esos ojos avellanas me miraban de cerca con diversión.
Él sabía muy bien lo que provocaba en mí.
—Hay espacio de sobra … y yo también sé jugar este juego… mi hembra seductora…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...