Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 711

NARRADORA

Las pupilas de Rousse temblaron al ver la caída de los dos cuerpos por el barranco.

¡No debió demorar tanto en atacar al hombre!

Se abalanzó estirando la mano para sostener a la chica, pero hasta el final ese guerrero fue un hijo de puta.

Se aferró a ella con su último aliento, hasta que sus brazos no pudieron sostenerla.

Rousse sabía que solo arriesgando lograría salvarla.

—¡Sal de mi cuerpo ahora, Meridiana! —le gritó a su hembra.

“¡No, no lo hagas, Rousse!” Ella sabía muy bien sus intenciones.

—¡Maldita sea, después te voy a dar unas buenas zurras!

Rousse rugió arrojándose al vacío, persiguiendo el cuerpo inerte de la hechicera.

“¡Rousse!” Meridiana se llevó las manos a la boca.

El viento pasaba silbando con violencia, las sombras lo tragaban, el fondo… no se veía.

El general logró capturar a la mujer y su mirada se posó en una rama que salía de la ladera.

No aguantaría su peso, pero le serviría de palanca.

Maniobrando en el aire, logró asegurar a la chica contra su pecho y posicionarse.

Cuando llegó el momento, sus botas impactaron contra la rama que se arqueó y crujió a punto de partirse.

Rousse aprovechó el punto de apoyo para saltar cerca de la ladera de tierra.

Trac.

La madera se astilló, pero él ya estaba en el aire y con una mano extendida.

Al igual que una bestia.

Sus dedos muertos se clavaron como filosas uñas de gavilán y se hundieron en la tierra.

Quedó suspendido de un brazo, buscando ferozmente dónde clavar las puntas de las botas.

La pared rocosa estaba reseca y se desmoronaba; con el peso extra las cosas no pintaban bien.

Rousse miró hacia arriba.

Los metros que lo separaban del borde parecían un milagro por alcanzar.

—Nena, sal de mi cuerpo de una vez, Meridiana. Si usas tu magia puedes flotar hasta allí —le dijo apretando los dientes.

Estaba aferrado por pura fuerza de voluntad.

“Espera, solo aguanta un poco más, mi macho, solo un poco más.”

“¿Qué vas a hacer? ¡Meridiana!”

Rousse comenzó a preocuparse al sentir la magia oscura abandonar su cuerpo, pero en vez de ponerse a salvo, la sombra se filtraba en el cuerpo de la moribunda.

La chica apenas respiraba.

Meridiana tomó todo el riesgo de filtrarse en su cuerpo a un paso de la muerte.

Este era el estado en que su magia funcionaba mejor, pero también tenía sus contras.

Si su energía infectaba demasiado a esta chica, terminaría muriendo sin remedio.

Rousse perdió toda su apariencia “normal” cuando Meridiana se escabulló al cuerpo de la mujer.

Sin consciencia, ni hacía falta hacer la ceremonia de unión.

—Hubiese muerto igual si no lo hacías. Ven aquí… —Rousse tomó su manito y la guio hacia la chica.

Meridiana comenzó a recitar algunos encantamientos sanadores.

El general vio las condiciones de la adolescente, se habían ensañado de verdad con ella.

¿Quién era capaz de hacerle esto a una niña?

Se quedó a un lado, vigilándolas, sondeando los peligros del bosque.

Pero de repente se tocó la cara.

Ella lo tuvo que haber visto como un no muerto.

Tenía la esperanza de que solo viera el reflejo cuando cambiaba a ese hombre apuesto.

Suspiró, apretándose el puente nasal.

Lo de menos ahora era esa tontería.

—Creo que puede sobrevivir, aunque está muy herida —Meridiana le dijo y luego giró el rostro en su dirección.

Rousse se puso rígido como si ella le fuese a decir en el siguiente segundo que se arrepentía.

—¿Crees que no he podido ver cómo eres en realidad? —le dijo pillándolo en el acto.

Se levantó, palmeándose el vestido con lentitud.

Rousse comenzó a ponerse nervioso.

Odiaba esa inseguridad que se aferraba a él como una maldita infección.

—Meridiana, no sabía…

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación