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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 712

NARRADORA

—¿Piensas que solo me enamoré del hombre en la ilusión? Rousse, ¿cuándo vas a entender que yo amo tu alma, quién eres, no cómo luces? —confesó aún en medio del caos.

El corazón del general volvió a florecer como cada vez que ella le decía sus sentimientos.

Avanzó con pasos seguros y la estrechó contra su pecho, queriéndola fundir contra él.

—Al final, de los dos, siempre has sido la más valiente —susurró besando su sien.

— Yo también amo todo de ti, mi hermosa hechicera… todo.

Lo que sentía por ella iba más allá de las palabras.

Los brazos de Meridiana le rodeaban la espalda y lo acariciaban.

Se quedaron así apenas unos segundos.

Tenían que pensar qué hacer con la chica; este lugar no era seguro.

—Hay información importante que extraje de su mente, Rousse.

Meridiana de repente le puso la mano en el pecho y se separó para contarle.

—¿Ella sabe dónde está tu gente?

—Sus recuerdos eran confusos porque estaba muriendo, solo vi unas cuevas, lugares raros - frunció la nariz.

— No puedo infiltrarla de nuevo con mi energía, pero sé cosas importantes. Una de ellas…

Levantó el dedo índice.

—Creo que puedo quitarte la restricción y que no te afecte el hechizo de magia en el feudo.

Rousse abrió mucho los ojos.

¡Esa noticia era excelente!

Con todo su poder activo, las cosas serían más fáciles para ellos.

—Vamos a hacerlo, escondámonos en el bosque —Meridiana volvió a la protección de su cuerpo.

Rousse cargó a la chica y se sumergió en la arboleda, lejos del campamento, para no alertar la nariz de los lobos.

Pronto le darían una sorpresa a Victoria.

*****

DRACO

Gruñidos pervertidos escapaban de entre mis dientes.

Jamás pensé llegar al punto de masturbarme con el pie de una mujer.

Lo mejor de todo era lo excitante que se sentía.

La suave planta pasaba arriba y abajo, movida por mi mano sobre su tobillo, cada vez más de prisa.

Mi polla disfrutaba de su masaje; los dedos pequeñitos de mi hembra se apretaban en el hinchado glande.

—Mmn sí, sshhh, aprieta más…

Entrecerré los párpados sumido en el placer, sin dejar de mirarla ni un segundo.

No importa cuánto quisiera fingir indiferencia, yo podía sentir el deseo crudo saliendo de su cuerpo.

Ese aroma intenso que me enloquecía.

—Deja… de usar mis pies para rascarte, ¡pervertido!

Luchó por separar la pierna, pero sus movimientos sobre mi pene solo me estimularon más.

—Entonces ven a rascarme con lo que de verdad deseo —mis ojos lobunos fueron debajo del agua.

Mmm, moría por sentir de nuevo esa sensación estrecha y mojada.

Que me engullera y me tragara el miembro hasta dejarme seco.

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