DRACO
Mis manos relajadas en los costados de la tina, como quien había terminado el asunto.
Las piernas abiertas y actitud de haberme satisfecho.
—Bueno… me voy entonces… —volvió a decir, dándome una mirada penetrante, pero ni me inmuté.
—Bien —le respondí bajo, y casi se me cae la máscara de seriedad al ver el mohín en su boca.
Claro que no deseaba irse y, por supuesto, yo no la dejaría marcharse sin satisfacerla.
Se levantó bufando y la visión de su cuerpo desnudo, chorreando agua, ya me estaba parando de nuevo el miembro.
Se inclinó deliberadamente sobre el borde, sus senos llenos se balancearon con los movimientos.
Tragué con ganas de chupárselos.
Mis manos picaban, pero la quise fastidiar un poco más.
Me miró nuevamente, levantando la pierna para salir.
Alcé la ceja sin hablar, viendo el fuego asomarse en sus orbes rojizos.
—Jum, es verdad eso que dicen, que uno no sabe para quién trabaja…
Murmuró cabreada, tan linda y sexy.
Me arrepiento tanto de ser un capullo al inicio e intentar alejarla.
Antes de que se escabullera actué con rapidez.
Mi mano se extendió, dándole un jalón hacia mi cuerpo.
—¡Aah!, ¡suéltame, maldito Lord pervertido! —dio gritito bien puto, fingiendo luchar.
La subí sobre mis piernas, sentándola sobre mis muslos.
Mi mano se aferró a su cintura como un grillete, la otra apretó su barbilla, haciéndola mirarme.
—Tú me vuelves un pervertido. No hay un segundo del día en que no piense en ti y en todas las obscenidades que te quiero hacer, Vicky…
Confesé con un gruñido necesitado y estrellé mi boca sobre la suya.
Comencé a devorarla como una bestia sedienta, metí mi lengua y la recorrí.
Sus dientes amenazaban con destrozarme los labios, pero la dejé hacer su acto de resistencia.
No importaba cuánto pretendiera rechazarme.
Su cuerpo entero llamaba al mío. Su alma tiraba de la mía.
El horno entre sus piernas ardía sobre mi falo erecto.
Me abrazó al fin y clavó las uñas en mi espalda, devolviéndome este beso enloquecido.
Quería decirle tantas cosas.
Mis manos recorrieron sus caderas, su columna, me enredé en su pelo largo y la empujé aún más contra mí.
Jadeamos y gemimos en la boca del otro.
Me recosté hacia atrás, llevándola conmigo, manoseando con fuerza sus nalgas.
Las palmadas rebotaron bajo el agua y mi hembra gimió para mí, chupándome la boca, acariciándome el pecho.
La abrí y sumergí los dedos en su vulva, desde atrás, acariciándola lentamente.
Aun la imagen de ella sangrando oscurecía mi mente.
—Mi amor, ¿te duele? Si te penetro con los dedos, ¿duele?
Le pregunté, lamiendo su oído, mientras el dedo del medio sondeaba el estrecho agujerito.
La suavidad del agua me ayudaba a entrar y salir. Sus propios jugos se mezclaban en mis yemas.
—Mmnnn —empinó el trasero y dio un gemido nasal contra mi pecho.
Parecíamos dos animales apareándose.
Mis pies chocaban contra el borde de madera mientras intentaba encontrar un apoyo.
Mis ojos se quedaron clavados a la ardiente mujer sobre mí.
Al movimiento sensual de su cuerpo, el contorneo de su cintura…
El estremecimiento de su vientre cada vez que mi polla tocaba esas estrechas profundidades.
Su espalda hizo un hermoso arco mientras cerraba los ojos y echaba la cabeza hacia atrás.
Alzó las manos y las hundió en su cabello castaño que brillaba bajo las luces de las velas.
Sus senos libres rebotaban con la cabalgada endemoniada que me estaba dando, llevándome a los confines del placer pleno.
Mi boca golosa fue a atrapar esa aureola rosadita.
La metí por completo en mi boca, la chupé con gula, con hambre y necesidad de alimentarme de ella.
Saboreé su sudor mezclado con ese olor oscuro a morbosa seducción.
Mi pene bombeaba adentro y afuera, mis bolas se llenaban de nuevo.
Los gemidos apresurados de Victoria y los movimientos enloquecidos de sus caderas me dijeron que estaba cerca.
Esa vagina cachonda me estrangulaba la verga y expulsaba cada vez más jugos.
—Mi macho, aahhh, mi señor, no aguanto… aahh sí, sí, mámame más duro… embiste más fuerte… ¡aahhh qué rico…!
Subí a besarle la boca o todo el campamento la escucharía gritando, y de solo pensarlo, mataba.
En medio de nuestro frenesí, a un paso de consumarlo.
De joderla al punto de marcarla con mi semilla, llegamos de nuevo a ese punto.
Lo sabía muy bien: ella ansiaba mi sangre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...