DRACO
Sus caninos crecieron, mordisqueando mis labios de manera ansiosa.
Sus uñas buscaban mi cuello para clavarse y abrir la herida.
Estaba dispuesto a intentarlo, maldita sea, no podía dejar que esos recuerdos me siguieran controlando.
Deseaba tanto alimentarla. Le daría cada cosa que necesitaba, solo yo…
—Hazlo… hazlo, Vicky… —me detuve un poco y la tomé de la nuca, pegando nuestras frentes.
—Toma de mi vena…
—No, no, no lo necesito —comenzó a negar, tensa, intentando ocultar su sed.
—¡Hazlo, maldición! Eres tú, mi mujer, nadie más, yo lo deseo… quiero darte de mi vida… tómalo…
Nos quedamos mirando por una eternidad, aún clavado en ese bendito coño.
Incliné mi cuello, tragando, sin dejar de mirarla, de recordarme que esos ojos hermosos eran los de la vampira que… amaba.
Amaba a Victoria. Ella era mi mate. No necesitaba a mi lobo para saberlo.
No le volvería a fallar.
Extendió la mano y entrecerré los ojos; sentía mi corazón latir como caballos desbocados.
—Sube la mano —me pidió con la voz ronca.
—¿Qué? ¿Para qué…?
—Dame tu mano, bebé, ven… —tomó mi brazo anclado a su cintura y dejó un camino de besos en el antebrazo.
La dulzura tierna se mezclaba con la lujuria.
Su cabeza inclinada a un lado, mi brazo apoyado en sus senos.
Comenzó a pasar la lengua por las venas abultadas de mi muñeca.
—No, Victoria, puede ser de mi cuello… no me resistiré, nena…
—Eso es precisamente lo que no quiero —me miró, haciéndome acariciarle la mejilla.
—No quiero que te obligues a aceptar algo solo para complacerme. Esperaré hasta el día en que lo ofrezcas voluntariamente.
Siseó, sacando esos afilados caninos y pasándolos lentamente por mi piel.
Dándome la oportunidad de negarme, de dar un paso atrás… no lo haría ni muerto.
Sus ojos se teñían de rojo; jamás dejó de mirar a los míos.
Abrió la boca y en un latido, esos labios regordetes se mancharon con mi sangre.
Gruñí al sentir los pinchazos profundos y el tirón de mi vena.
Su lengua se torcía como acariciando la herida.
Sonidos acuosos y complacidos escapaban de su boca.
Junto con sus succiones, comenzó de nuevo a montarme, a empalarse cada vez más rápido.
Veía la sangre escapar de sus comisuras y correr por mi brazo, goteando en el agua que se teñía de rojo.
Me sentía… sshh, excitado.
Me estaba calentando demasiado al verla beber con los ojos casi en blanco de éxtasis.
Su deseo crecía con el mío.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...