VICTORIA
Estaba viendo todas las constelaciones descubiertas y sin descubrir.
Sabía que hacer el amor con Draco iba a ser delicioso, pero este macho me estaba volviendo loca.
Su cuerpo sudado moviéndose sobre mí, dentro de mí.
Sus manos toscas arrasando mi piel, su boca besando cada trocito. Era increíble.
Pero probar su sangre me encendió ese oscuro deseo que habita dentro de mi raza.
Si así se sentía de su muñeca, no imagino el éxtasis de tomar de su cuello.
Tendré paciencia, curaré sus miedos y los traumas que he descubierto que tiene.
Alguna vampira desgraciada se alimentó de él a la fuerza, no tengo dudas.
Sin embargo, las sorpresas no cesaban esta noche.
Cuando me giró y me hizo ponerme en la posición de apareamiento de su raza, sentí su cruda necesidad a punto de rugir.
Sin poder reaccionar, su cuerpo me embistió tan rico que me llevó de nuevo al borde del orgasmo.
Jamás pensé que me marcaría en la nuca, reclamándome, aunque no fuese permanente.
Mientras me fragmentaba en miles de pedazos, lo sentí correrse dentro de mi vagina.
Su polla temblaba y escupía, algo grueso comenzó a hincharse y estirarme más y más.
¿El nudo de su lobo? ¿Cómo?
Expuse mi cuello para él, anhelando su mordida, adorando su posesividad.
Dracomir casi colapsa sobre mi cuerpo, apoyando los codos a cada lado de mi cabeza.
Sacó los caninos y gemí por la sensación de dolor y placer.
Su lengua me lamía una y otra vez, gruñía como una bestia y destrozaba las pieles bajo nosotros, con sus garras.
Salvajismo ligado al estremecimiento de nuestros cuerpos corriéndose juntos.
—Mi macho… —gemí con los ojos entornados y abriendo más las piernas para acomodarlo.
Maldita sea, no pude aguantar ni un día de hacerme la difícil.
Qué blandita soy.
Caí contra las pieles, respirando agitada, disfrutando de la relajación que viene luego de liberarse.
Pero repentinamente sentí algo raro.
Su rostro se escondía en mi cabello sudado, su respiración pesada caía sobre mi espalda.
No hablaba nada y solo gruñidos bajos se escapaban de entre sus dientes.
Parecían… ¿de dolor?
—Draco, ¿sucede algo? —intenté girarme, aunque era bien difícil con ese mástil aún clavado en mi coño.
—Draco…
—Espera, nena, no es nada malo…
Me abrazó, rodando de lado.
Siseamos al frotar de nuestros genitales.
Sentía su simiente escapar de los pliegues y rodarme por los muslos.
En medio de la oscuridad solo podía escuchar el sonido de nuestros corazones y los resoplidos de Draco.
—Es mi lobo —me asombré al escuchar su voz ronca unos segundos después.
Nunca le había preguntado, pero ya me había dado cuenta de que había un problema con eso.
—¿Tu parte animal?
—Sí, mi amor, él me habló —sentí sus brazos apretarse más en mi cintura.
Su voz temblaba un poco de la emoción.
—Creí que lo había perdido, pero tú me lo devolviste, Vicky. Aunque está débil, aún persiste en algún sitio de mi mundo interior
Besitos mojados cayeron sobre mi nuca.
—¿Cómo te lo devolví? ¿Por… hacer el amor?
—Porque eres mi mate, Victoria, tú lo sabes muy bien… eres mía pequeña —confesó, estremeciéndome.
—Eres la pareja destinada de mi lobo Alan. Nuestra.
Mi corazón se saltó un latido y un nudo se apretó en mi garganta.
Claro que lo sabía, si su sangre era lo más adictivo que había probado jamás.
Nunca le hubiese perdonado tanto a otro hombre que no fuese mi compañero.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...