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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 10

Amanda abrió la puerta que daba a la elegante oficina de su amiga Lucía.

El despacho estaba perfecto, como siempre, pero el escritorio de la abogada era un caos de carpetas, resaltadores y tazas de café a medio terminar.

Lucía levantó la vista de la montaña de expedientes y, al verla, soltó el bolígrafo de inmediato con una gran sonrisa.

—¡Amanda, querida! ¡Tiempo sin verte! —exclamó, poniéndose de pie para rodear el escritorio y darle un abrazo.

—Lo mismo digo, Lu. Ya te extrañaba —respondió Amanda, correspondiendo el gesto con cariño.

—Perdona que he estado tan perdida, es que he tenido muchísimo trabajo en la firma esta semana. No he parado ni un segundo.

—Lo sé, amiga, no te preocupes. Conozco perfectamente cómo es tu ritmo.

Lucía suspiró, apoyándose en el borde de su escritorio y cruzándose de brazos.

—Cómo me gustaría pasar más tiempo con ustedes, sentarnos a tomar un café con calma, contigo y con Adri, pero... ya sabes cómo es esto de los juzgados.

—A nosotras también nos hace falta, pero entendemos perfectamente —Amanda le restó importancia con un gesto suave de la mano antes de cambiar su tono a uno más serio—. Amiga, ¿pudiste revisar el contrato que te envié hace unos días?

La sonrisa de Lucía se desvaneció de golpe, dándole paso a una expresión completamente preocupada.

Caminó de vuelta a su silla ejecutiva y tomó una carpeta manila que tenía separada del resto.

—Sí, querida. Lo leí de pies a cabeza. Y lamentablemente, está muy bien formulado —Lucía suspiró pesado, pasándose una mano por el cabello—. En efecto, Víctor tiene toda la razón. El muy pendejo te puede meter a la cárcel si él quiere.

Amanda sintió un nudo frío en el estómago, dejándose caer en una de las sillas de visita.

—¿No hay ningún recurso legal? ¿Nada a lo que me pueda aferrar para pedir el divorcio sin que me joda?

—Casi nada —Lucía negó con la cabeza, ojeando los papeles—. Los abogados de la familia Grimaldi blindaron este documento. Si tú rompes la cláusula y abandonas el matrimonio antes de los cinco años, la deuda millonaria de tu difunto padre recae automáticamente sobre ti de forma penal. Es extorsión disfrazada de acuerdo prenupcial. Estás atada de manos, Amanda. Por ahora, él tiene todo el poder legal.

—Necesito alejarme de Víctor como sea, Lu. Me urge este divorcio —soltó Amanda.

—Tranquila, no te me agobies —le respondió Lucía, dándole unos golpecitos en la mano—. Le voy a dar mil vueltas a este contrato. Algo se nos tiene que ocurrir.

—Pero bueno, cambiando a temas mucho más interesantes... —Lucía esbozó una sonrisa de oreja a oreja y se inclinó sobre el escritorio, bajando la voz—. No puedo creer lo que Adriana me contó por teléfono esta mañana.

Amanda sintió que el calor le subía de golpe por el cuello hasta llegarle a las mejillas. Se puso roja como un tomate bajo la mirada traviesa de su amiga.

— Eso sí, Lu, mucho cuidado. No se te vaya a escapar absolutamente nada de esto frente a Fernando.

Lucía asintió con rapidez. Fernando no solo era el novio de Lucía, sino también uno de los amigos de confianza de Víctor.

—Ni de broma, amiga. Con esto soy una tumba —le aseguró Lucía, haciendo el gesto de sellarse los labios—. Además, Fernando anda en ese congreso de derecho en Montreal y no regresa hasta la próxima semana. Así no hay el más mínimo riesgo de que se me chispotee algo sin querer.

Amanda salió del edificio de abogados sintiéndose mucho más tranquila. El sol del mediodía le calentó el rostro mientras caminaba hacia donde su chofer la esperaba.

Sentía una vibra deliciosa corriendo por sus venas, una prisa que no la dejaba pensar con claridad. No quería volver a la mansión a verle la cara larga a su marido.

Quería sentir las manos de Carlos sobre su piel otra vez.

Se detuvo un segundo en la acera, sacó su teléfono celular y buscó el contacto que había guardado esa misma mañana.

Sin pensarlo dos veces, tecleó un mensaje corto y le dio a enviar:

"Quiero verte de nuevo."

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