Corporación Grimaldi.
La sala de juntas de la Corporación Grimaldi vibraba con un ritmo acelerado. Todos hablaban al mismo tiempo mientras revisaban los gráficos proyectados en la pantalla.
Víctor ocupaba la cabecera de la enorme mesa, rodeado por todo su equipo directivo. Sin embargo, su cabeza estaba muy lejos de allí.
De pronto, un zumbido interrumpió sus pensamientos.
El celular nuevo, ese que había comprado exclusivamente para su farsa, vibró.
Víctor metió la mano, sacó el aparato discretamente por debajo de la mesa y miró la pantalla.
"Quiero verte de nuevo".
Eran solo cinco palabras, pero cayeron como una bomba en su sistema. Víctor sintió una desesperación instantánea quemándole las manos.
Apretó el celular con tanta fuerza que casi quiebra la carcasa. Una excitación atroz, confusa y totalmente absurda se apoderó de él.
Amanda lo estaba buscando.
—¿Pasa algo, Víctor? —preguntó Daniel, notando cómo su amigo se había tensado de pies a cabeza.
Víctor se aclaró la garganta, guardó el teléfono de un tirón y se puso de pie, abotonándose el saco rápidamente.
—Tengo que irme.
—¿Ahora, Víctor? —brincó el director de finanzas, escandalizado—. Estamos en plena junta, falta revisar la mitad de los reportes.
—Pueden seguir sin mí —dijo Víctor con voz de mando, sin dejar espacio para réplicas—. Daniel, encárgate de todo y me mantienes informado.
Daniel asintió, mirándolo con una ceja alzada, sabiendo perfectamente que ese nivel de urgencia repentina solo tenía un nombre de mujer.
Víctor salió de la sala de juntas a toda velocidad.
Bajó por el ascensor privado directamente hasta el estacionamiento subterráneo.
Al abrirse las puertas, vio a Ramón, su chofer de confianza, esperándolo junto a la puerta trasera de la camioneta.
—Ramón, dame las llaves —le ordenó Víctor, extendiendo la mano con impaciencia—. Y dile a José que te lleve a casa, yo manejo hoy.
—Está bien, señor —respondió el empleado, entregándole el llavero un poco desconcertado.
Víctor subió al vehículo, encendió el motor con un rugido potente y salió disparado del edificio.
Mientras aceleraba por las avenidas de la ciudad rumbo al estudio secreto donde los expertos lo caracterizarían de nuevo, agarró el celular con una mano y le tecleó una respuesta directa a Amanda:
"A las 9 en el hotel Aramburu. Habitación 315".
Horas más tarde, la transformación estaba completa. Carlos había vuelto a la vida.
Amanda sintió un escalofrío delicioso recorrerle la espalda. El calor de la mano de ese hombre le encendió la piel al instante.
—Te extrañé —confesó ella, con un descaro que a Víctor le punzó y lo excitó al mismo tiempo en el fondo del ego.
—No más de lo que yo te he pensado a ti todo el día —respondió él, acercando su rostro al de ella, rozando sus narices.
De repente, Víctor se movió despacio, quedando completamente de frente a ella. Amanda no lo dudó.
Levantó una mano y la apoyó sobre su pecho firme, sintiendo la piel cálida y lampiña bajo la camisa entreabierta.
Hundió ligeramente los dedos, acariciando la musculatura con sensualidad.
El corazón de Víctor estaba desbocado. Latía tan fuerte contra la palma de su esposa que temió que lo descubriera.
Amanda se alzó de puntillas, rozando sus labios, y le susurró al oído con la respiración agitada:
—Quiero que me lleves a la cima, como aquella vez... Hazme el amor, Carlos. Sin tabú.
La sangre le hirvió de golpe. Escucharla pedirle eso con tantas ganas lo dejó completamente sin aliento.
Sintió cómo su polla se endurecía al instante contra la tela del pantalón, reaccionando a la mujer que tenía enfrente.
—Te haré sentir las estrellas —respondió Víctor con un gruñido bajo, tomándola por la cintura y guiándola sin perder un segundo hacia la inmensa cama.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...