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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 109

Esa noche, cuando Víctor por fin cruzó la puerta de la mansión, se veía exhausto.

Amanda estaba sentada en el sofá de la sala principal, con las piernas cruzadas y la vista clavada en la pantalla de su teléfono móvil.

Al escuchar los pasos de su esposo, bloqueó el aparato y levantó la vista.

—¿Todo bien, Víctor? —preguntó ella, con un tono que intentaba ser neutral, pero que escondía mucha tensión.

Víctor aflojó se dejó caer a su lado en el sofá, frotándose la cara con las manos.

—Más o menos, cariño... Fui a ver a Melissa.

El ambiente en la sala se congeló de golpe. Amanda apretó los puños de inmediato, sintiendo cómo los celos y la rabia le quemaban el pecho.

—¿Cómo que fuiste a ver a esa mujer? —preguntó, levantando una ceja en un claro gesto desafiante, sin importarle ocultar su molestia.

—Tranquila, amor, por favor. Fui a ver si ella fue la que filtró la información a la prensa. Fui exclusivamente a encararla, nada más —se apresuró a explicar él, tomando una de las manos de Amanda.

—¿Y qué te dijo? —soltó ella finalmente, mirándolo con dureza.

—Obvio que lo negó todo. Juró y perjuró que ella no fue.

Amanda soltó una risa irónica y apartó la mano.

—Si no fue ella, ¿entonces quién, Víctor? Esa mujer es la única persona en este planeta que tiene razones de peso para jodernos la vida.

—Relájate, amor, no le des más vueltas hoy. Todo va a estar bien —le pidió él, tratando de calmar las aguas—. Voy a dar con el responsable, no te preocupes por eso. Daniel ya tiene a su gente investigando.

Amanda suspiró profundo, negando con la cabeza. La bomba que estaba a punto de soltar iba a ser peor que la noticia de la prensa.

—Pues hablando de problemas... a que no sabes la última.

—Dime —respondió Víctor, recostando la cabeza en el sofá.

—Alexander Donovan es socio del Grupo Valardi.

Víctor se enderezó de un salto, como si le hubieran hubiesen dado una cachetada.

—¿Qué demonios acabas de decir?

—Lo que oyes, Víctor —Amanda lo miró fijamente—. Donovan es uno de los inversores. Fue hoy a mi oficina. Estoy trabajando para ese tipo.

—Eso no puede ser verdad... —masculló Víctor—. Tienes que dejar ese proyecto, Amanda. Puedes encontrar otro sin problema, eres la mejor arquitecta de la ciudad.

—No puedo hacerlo, Víctor. Ya firmé el contrato.

—¡Me importa un carajo! —estalló él, poniéndose de pie y empezando a caminar por la sala—. Mañana mismo hablo con Fernando a ver qué diablos se puede hacer por la vía legal. ¡No pienso permitir que trabajes con ese infeliz!

—Ya está firmado, Víctor —le repitió ella, sacando una carpeta de su maletín y extendiéndosela—. Léelo tú mismo. Hay una cláusula de cumplimiento que describe claramente que tengo que culminar la obra. Si renuncio, la multa y el daño a la constructora nos llevan a la quiebra. Solo entregando el proyecto dejo de trabajar con ellos.

Víctor agarró los papeles con brusquedad.

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