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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 115

Días después, la oficina de Amanda era un completo desastre.

Había planos tirados por las esquinas, catálogos en los sillones y la famosa maqueta del hotel ocupando toda la mesa.

Amanda llevaba horas ahí pegada, revisando cada detalle con lápiz en mano, muerta de cansancio pero súper metida en lo suyo.

En eso, la puerta se abrió de golpe y Adriana entró a toda prisa.

Llevaba su tableta bajo el brazo y un vaso de jugo que plantó en la mesa de un solo golpe, nada más para obligar a Amanda a levantar la cabeza.

—Tómate esto antes de que te desmayes del estrés—le ordenó Adriana con esa confianza de amiga que siempre la caracterizaba—. Por cierto, Amanda, el canadiense ha llamado como tres veces esta mañana. ¿Le devuelvo la llamada o lo dejo que se pudra? —preguntó con una sonrisa cargada de ironía.

Amanda soltó un suspiro pesado y tiró el lápiz sobre la mesa. Solo escuchar hablar de Alexander Donovan le daba dolor de cabeza.

—¿Qué quiere ahora ese infeliz? Pensé que le había dejado clarísimo en la obra que no teníamos nada de qué hablar fuera de ella.

Adriana desbloqueó la tableta y empezó a deslizar el dedo por la pantalla con rapidez.

—Pues por lo que veo aquí en la agenda, supongo que quiere invitarte a la presentación oficial de la maqueta del hotel frente a los otros inversionistas y los medios de prensa. El evento es de gala y es este mismo viernes.

Amanda se pasó las manos por la cara, frustrada, sintiendo que el cansancio del embarazo y del trabajo se le juntaban de golpe.

—No quisiera ir ni amarrada. Verle la cara de arrogante a ese tipo en un evento social es lo último que me provoca hacer en la vida. Pero tengo compromisos legales con la empresa y con este proyecto.

—Pues tienes que ir, jefa —Adriana se encogió de hombros y le dio la vuelta a la tableta para que Amanda leyera el mensaje directamente—. Porque el muy descarado, en el correo institucional que mandó su equipo de relaciones públicas, él mismo confirmó tu asistencia. Ni siquiera tuvo la decencia de preguntar si tenías espacio en la agenda, ya te metió en la lista VIP.

Amanda se llenó de rabia. Donovan seguía de necio con su jueguito de jefe, intentando manejarla a su antojo para demostrarle que él tenía el poder en todo esto.

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