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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 114

En el apartamento de Daniel, el ambiente todavía estaba cargado de energía.

Estos dos definitivamente no habían perdido el tiempo y asumieron el reto de ser amantes con todas las de la ley.

La ropa había quedado tirada en cualquier parte desde la entrada hasta la habitación, y ahora, con la respiración un poco más calmada, disfrutaban del ambiente.

Daniel estaba sentado al borde de la cama, terminando una llamada telefónica.

Cortó, dejó el aparato sobre la mesa de noche y se quedó mirando un punto fijo en la pared, con la mente en otro lado.

Brenda, que llevaba puesta solo una camisa de él que le quedaba enorme, se le acercó por la espalda y le pasó los brazos por los hombros.

—¿Por qué tan pensativo de repente? —le preguntó, dándole un beso suave en el cuello—. Hasta hace cinco minutos estabas muy concentrado en otras cosas.

Daniel soltó una risa corta y se dejó abrazar, apoyando las manos sobre las de ella.

—Estaba pensando en Víctor, mi amigo. Seguro lo conoces de las revistas de negocios o de la televisión. Es un tipo increíble, de mis mejores amigos, aunque se gasta un carácter de los mil demonios cuando se estresa.

Brenda tragó saliva en seco. El estómago se le hizo un nudo. Por supuesto que sabía perfectamente quién era Víctor Grimaldi.

Era el amante de su amiga Melissa. Y lo peor de todo: Brenda sabía de sobra que el niño que Melissa presumía, Mattias, no era hijo biológico de Víctor.

—Sí, claro... es un señor muy importante —murmuró Brenda, tratando de que la voz no le temblara, mientras se sentaba a su lado en la cama.

—Importante, pero con una vida de locos —Daniel negó con la cabeza, buscando su pantalón—. Primero se enredó con una mujer extranjera, la preñó, se desencantó de ella rapidísimo y terminó enamorándose perdidamente de su propia esposa. Y todo pasó justo cuando la vio firme y decidida a mandarlo al diablo.

—Tú siempre tan gracioso —dijo Brenda, forzando una sonrisa.

—Es la verdad —Daniel la miró a los ojos, poniéndose serio de golpe—. Ver a Víctor enredado en tanto drama es exactamente la razón por la que te dije que la vida es una sola. Por eso no pienso complicarme por nada del mundo. Las mentiras, los engaños, los hijos... todo eso te arruina. Yo prefiero esto: tú y yo, pasándola bien, siendo honestos con lo que queremos y sin tanto rodeo.

Brenda sintió que le caía un balde de agua fría.

Las palabras de Daniel le retumbaban en la cabeza. Él odia las mentiras y el drama. Tenía el secreto de Melissa en la punta de la lengua.

Podía abrir la boca en ese mismo instante, contarle a Daniel toda la verdad sobre el falso hijo de Víctor, desenmascarar a Melissa.

Pero el miedo la paralizó. Si abría la boca, se metería de lleno en un problema, expondría al club, a Jake, y tal vez Daniel la vería como una mujer problemática.

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