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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 117

Al salir de la oficina de Jake, a Melissa le faltaba el aire.

Se metió en la parte de atrás del auto que Alexander Donovan le había dado y le ordenó al chofer que la llevara directo a la casa de Brenda. No podía ir a ver a su hijo así.

Durante el trayecto, la cabeza le daba mil vueltas. Necesitaba mirarla a la cara y confirmar si ella seguía viéndose con Daniel Iturbe.

Si Brenda abría la boca, el secreto de Mattias explotaría y ella terminaría en la calle, o peor, presa. Llegó al edificio, subió los escalones casi corriendo y tocó la puerta con una insistencia agresiva.

Brenda abrió la puerta unos segundos después. Llevaba ropa cómoda, el cabello recogido, y abrió los ojos de par en par al verla ahí parada con la respiración agitada.

—¿Melissa? ¿Tú aquí? —preguntó Brenda, sujetando el borde de la puerta, claramente incómoda por la visita sorpresa.

—Sí, ¿qué te sorprende tanto? —respondió Melissa, empujando la puerta con fuerza, sin pedir permiso para entrar—. Somos amigas, ¿no? Pensé que las grandes amigas se visitaban en sus casas.

—Está bien, pasa... —Brenda suspiró, cerró la puerta a sus espaldas—. Es solo que tengo mucho tiempo sin verte. Ya ni nos cruzamos como antes.

—Es que te me desapareciste del mapa de un día para otro, Brenda —Melissa empezó a caminar por la sala, detallando los muebles nuevos y la decoración—. Ya sé que dejaste el club definitivamente. Jake me lo dijo hace un rato.

Brenda desvió la mirada y se apoyó contra el respaldo de su sofá nuevo.

—Sí, bueno... ya sabes que nuestra vida en ese lugar no es nada fácil. Necesitaba un cambio urgente y salir de ese ambiente oscuro.

—Ay, sí, claro, lo sabré yo —Melissa soltó una risa seca, cargada de sarcasmo, girándose para encararla—. Por cierto, ¿de qué vives ahora? Porque los lujos no se pagan solos.

—Tengo un negocio propio ahora. Monté una boutique para damas.

—¿Una boutique? —Melissa alzó una ceja, mirándola de arriba a abajo con burla evidente—. ¿Y con qué dinero montaste tú una boutique de la noche a la mañana?

—Tenía unos ahorros guardados y...

—Por favor, ahórrate el cuento conmigo —la cortó Melissa, acercándose un paso—. Unos ahorritos de prostituta no dan para tanto. Seguro te conseguiste un buen amante que te está financiando la tienda.

Brenda apretó la mandíbula. Ya no era la misma muchacha asustadiza del club; ahora se sentía respaldada y no iba a dejar que Melissa la pisoteara en su propia casa.

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