El sol implacable de Los Ángeles rebotaba contra las inmensas fachadas de los rascacielos en la exclusiva Avenue of the Stars.
Melissa caminaba a paso rápido, casi a tropezones, abriéndose paso entre ejecutivos de traje y mujeres que lucían joyas obscenamente caras.
Cada paso que daba sobre el pulcro pavimento de Century City era un latigazo directo a su orgullo destrozado.
Acababa de perderlo todo.
Víctor la había echado de la Corporación Grimaldi sin contemplaciones, cerrándole la puerta en la cara a cualquier esperanza de lujos y comodidades.
No habría tarjetas de crédito sin límite. No habría viajes. La asfixiante realidad financiera se abría bajo sus pies como un pozo sin fondo, y el coraje le nublaba la vista.
De pronto, una figura alta y sombría bloqueó su camino, obligándola a frenar en seco para no chocar.
Melissa levantó la vista. El corazón le dio un vuelco en el pecho, pero no por alegría, sino por una repentina punzada de pánico.
—¿Me estás siguiendo? —preguntó ella, alarmada, dando un paso torpe hacia atrás.
Jake estaba plantado frente a ella en medio de la acera.
Llevaba una chaqueta oscura que desentonaba por completo con el lujo aséptico del distrito financiero, y en sus labios bailaba una sonrisa ladeada, cargada de un cinismo repulsivo.
—¿Por qué tienes esa cara de funeral, preciosa? —indagó Jake, ignorando su pregunta, escaneándola de arriba abajo con una mirada depredadora que a Melissa la desesperó.
—¡Qué te importa a ti! —le gritó Melissa, con los nervios a flor de piel—. ¡Quítate de mi camino y déjame en paz!
Intentó esquivarlo, pero los reflejos de él fueron más rápidos. Jake levantó una mano y la tomó por el brazo.
No fue un agarre brutal, pero sí lo suficientemente firme como para dejarle muy claro que no la iba a dejar escapar.
—Tranquilízate, fiera —le habló Jake con un tono engañosamente suave, adoptando un papel de protector que a ella le generó una profunda rareza—. Con lo rabiosa que estás de seguro te quedaste sin patrocinador. Ven conmigo, vuelve al club, Melissa. Allí está tu verdadero lugar.
Melissa intentó zafarse del agarre, pero él apretó los dedos un poco más alrededor de su brazo.
—Puedes venir con el niño si quieres —continuó Jake, bajando la voz, como si le estuviera ofreciendo la salvación absoluta—. No creo que Lorena tenga la capacidad, ni los medios económicos, para cuidarlo con la suavidad y atención que necesita. Yo puedo hacerme cargo de ambos.
La sola mención de su hijo en boca de ese hombre hizo que la sangre de Melissa hirviera de forma incontrolable.
El miedo inicial desapareció de golpe, siendo reemplazado por una furia demoníaca.
—¿Volver a ese prostíbulo de mala muerte? —siseó ella, endemoniada, forcejeando con tal violencia que logró liberar su brazo de un tirón—. ¡Estás completamente demente! Yo estoy en otro nivel ahora, Jake. Mírame bien. No estoy para ser una puta de quinta metida en ese agujero apestoso.
Jake apretó la mandíbula, ofendido por el rechazo al lugar que él controlaba, pero intentó mantener la máscara de falsa dulzura.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...