Daniel caminaba por los pasillos de Borbón & Asociados con esa típica seguridad de quien se cree dueño del mundo.
No tenía reuniones programadas ni papeles que firmar con Amanda, pero terminó ahí con una sola idea en la cabeza: volver a ver a la nueva arquitecta.
Sin embargo, antes de llegar a la zona de diseño, una voz conocida y llena de sarcasmo lo frenó.
—Vaya, vaya. Pero mira quién está aquí. ¿Qué tanto haces por estos pasillos, Daniel? ¿Se te perdió algo?
Daniel se giró y la miró de reojo. Era Adriana. Estaba apoyada en el marco de una puerta, tomando café con actitud muy desafiante.
Adriana no solo era la mejor amiga de Melissa, sino que compartía un secreto con él: habían tenido su buen "jujú" en el pasado.
Esa aventura ardiente y pasajera le daba a ella toda la confianza del mundo para hablarle con ese nivel de descaro.
—No se me ha perdido absolutamente nada —respondió Daniel, ajustándose el botón del saco con total tranquilidad, intentando sonar indiferente.
—¿Ah, no? ¿Entonces qué haces aquí? —insistió ella, entrecerrando los ojos—. Conozco esa mirada tuya de cazador.
—Voy a ver a Valeria —admitió él finalmente, con simpleza, sabiendo que mentirle a una mujer tan astuta era perder el tiempo.
Los ojos de Adriana se iluminaron de inmediato con pura malicia, y una sonrisa burlona se dibujó lentamente en sus labios.
—¡Ah! ¿A la nueva arquitecta? —exclamó Adriana, alzando una ceja, dándole un sorbo a su café—. ¿Qué pasa? ¿Te gusta la chica nueva?
Daniel soltó una carcajada ronca, restándole importancia con un gesto despreocupado de la mano.
—Tranquila, Adriana —ronroneó él, lanzándole su típica sonrisa de galán, intentando salir del paso—. Deja los celos y el chisme para otro día...
Sin darle tiempo a replicar ni a seguir interrogándolo, la dejó con la palabra en la boca y siguió su camino directo hacia el despacho de Valeria.
Al llegar a la oficina, la puerta estaba entreabierta. Daniel se detuvo en el pasillo y se quedó en silencio, disfrutando de la vista.
Valeria estaba de espaldas, muy concentrada sobre un enorme plano en su mesa de trabajo. Llevaba una falda tubo verde esmeralda que delineaba cada centímetro de su figura.
Al estar ligeramente inclinada trazando líneas, sus voluptuosas caderas resaltaban de una manera casi hipnótica.
Daniel tragó saliva sintiendo que el calor le subía de golpe; era incapaz de apartar la mirada de semejantes curvas.
«Dios santo... Tanta curva y yo sin freno», se dijo mentalmente, sintiendo que el corazón le daba vuelta.
Como si sintiera la mirada de Daniel en su espalda, Valeria soltó el lápiz y se giró hacia la puerta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...