Al caer la noche, en su lujoso vestidor, Víctor se ajustaba los gemelos de plata de su traje de diseñador, luciendo de punta en blanco.
Su reflejo en el espejo le devolvía la imagen de un hombre poderoso, cabal, pero por dentro era un manojo de contradicciones.
Quería tener a Amanda cerca esa noche. Necesitaba tenerla a su lado en esa gala, sin importarle que ella lo odiara con cada fibra de su ser o que ni siquiera lo mirara a la cara.
Solo quería oler su aroma, sentir su calor a centímetros de distancia y seguir fingiendo ante el mundo que eran un matrimonio estable y envidiable.
Pero algo más profundo se removía en su interior.
Una voz constante le decía que debía arreglar lo que él mismo había roto durante años, y eso lo aterrorizaba.
Sentir algo tan inmenso y real por su propia esposa, después de haberla tratado con tanta frialdad, lo dejaba confuso.
Suspiró pesado y tomó su celular de la cómoda. La pantalla se iluminó con un mensaje nuevo de Amanda. Era corto y directo:
"Vete por tu cuenta. Nos vemos en la gala".
Víctor apretó la mandíbula, sintiendo el rechazo como una bofetada.
Guardó el aparato en el bolsillo interior de su saco y salió de la habitación a pasos firmes. Bajó al estacionamiento donde su auto ya estaba encendido.
—Adelante, señor —le dijo el chofer, abriéndole la puerta trasera.
—Vamos —ordenó Víctor con voz áspera, acomodándose en el asiento mientras el vehículo arrancaba hacia el centro de la ciudad.
Por su parte, Amanda llegó primero al majestuoso salón de eventos. Cuando bajó del auto, la brisa de la noche acarició la tela de su espectacular vestido azul noche.
Adriana no se había equivocado al elegir esa prenda; era una pieza osada y sexy.
Tenía un escote profundo en "V" que dejaba a la vista el sutil y tentador inicio de sus senos, una abertura de infarto en la pierna izquierda que subía casi hasta el muslo, y una tela que se ajustaba milimétricamente a cada una de sus sensuales curvas.
Cuando cruzó las puertas del salón, las conversaciones cercanas se paralizaron de golpe. Varias cabezas se giraron para mirarla fijamente.
Los hombres no podían disimular la admiración, y las mujeres se devoraban los labios por la envidia. Pero a ella no le importó absolutamente nada.
Levantó la barbilla y caminó con la seguridad de una reina deslumbrante y vigorosa, sabiendo perfectamente el impacto que estaba causando.
Llegó a la elegante mesa que le correspondía y tomó asiento con gracia.
Mientras esperaba a que la gala comenzara formalmente, cerró los ojos por un microsegundo, respirando profundo.
De la nada, el recuerdo de la noche anterior la asaltó sin piedad. Pensó en Carlos.
Pensó en el fuego de sus manos y en cómo la había follado por detrás con una fiereza y una pasión que la hicieron perder por completo la cordura.
Ese recuerdo le trajo un pinchazo de ansiedad. Abrió los ojos, tamborileando los dedos sobre el mantel.
"¿Dónde estará Carlos ahora mismo? ¿A qué se dedica realmente?", se preguntó mentalmente.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...