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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 13

Amanda abrió los ojos y miró hacia la ventana de su habitación.

El cielo estaba parcialmente nublado, filtrando una luz suave sobre la ciudad, pero en su interior brillaba una luz deslumbrante.

Se estiró entre las sábanas de seda y sonrió.

Se sentía plena, poderosa y, sobre todo, profundamente deseada. El ligero y exquisito dolor que aún palpitaba en sus muslos era el mejor anuncio de que estaba viva.

Entró al baño y tomó una ducha rápida.

El agua tibia resbaló por su piel, borrando el cansancio físico pero dejando intactos los recuerdos de las caricias salvajes de su amante. Al salir, caminó decidida hacia su enorme vestidor.

Pasó de largo por los aburridos y recatados vestidos que solía usar para complacer las apariencias.

Había decidido no quedarse ni un minuto más encerrada en esa casa.

Tomó un espectacular traje con una falda de tubo negra, tan ajustada que abrazaba cada curva de sus caderas y lo combinó con una blusa de seda color magenta que dejaba adivinar el inicio de su escote.

Unos tacones de aguja, el cabello suelto en ondas rebeldes y un labial magenta intenso completaron el look. Lucía hermosa e imponente.

Al terminar de arreglarse, bajó los escalones con seguridad.

Abajo, en la sala, Víctor estaba sentado en el sillón individual, deslizando el dedo por su tablet con esa indiferencia de siempre, como si ella no existiera.

Amanda no dudó. Se acercó a él con paso firme.

—Me voy.

Víctor ni siquiera levantó la mirada de la pantalla.

—¿A dónde?

—Voy a trabajar en la fundación. Pero desde allá, en mi propia oficina.

Esa respuesta lo sacó de su trance. Bajó la tablet y frunció el ceño confundido.

—¿Cómo? Siempre lo hacías desde aquí.

Amanda le regaló una sonrisa afilada.

—Tú lo has dicho, Víctor. Lo hacía. Tiempo pasado.

Dio media vuelta para marcharse, dejando el suave rastro de su perfume en el aire, pero la voz de su marido la paró.

—Tenemos una reunión importante esta noche. Espero que estés lista.

De la nada, el corazón de Amanda dio un giro violento en su pecho. Se quedó paralizada por una fracción de segundo.

Fue la forma en cómo Víctor moduló esas palabras, la cadencia ronca, el tono bajo y demandante.

"Pareciera que escuché a Carlos...", murmuró mentalmente, sintiendo un escalofrío extraño recorrerle la nuca.

Salió de la mansión a paso rápido y se montó en la parte trasera de su auto. Una vez que la puerta se cerró, se pasó las manos por la cara y respiró hondo, intentando calmar su pulso.

—Carlos te tiene en una nube, Amanda. Ya lo oyes en todas partes —se regañó a sí misma en un susurro.

Poco a poco se tranquilizó, se acomodó en el asiento de cuero y recordó con picardía lo increíblemente bien que la había pasado esa noche.

***

Mientras el auto de Amanda se alejaba, el deportivo de Daniel entraba a la propiedad. Entró a la mansión con su típica actitud relajada.

—Hermano, acabo de ver salir a Amanda —comentó Daniel apenas lo vio en la sala—. Se ve hermosísima, un espectáculo de mujer.

Los ojos de Víctor echaron chispas.

—Cierra la boca cuando hables de mi esposa.

Daniel levantó las manos, rindiéndose con una carcajada corta.

—Cada vez entiendo menos este circo tuyo. En fin, aquí estoy. ¿Para qué soy bueno?

—No quería hablar en la oficina —gruñó Víctor, frotándose la quijada—. Mejor vamos afuera.

Capítulo 13. Esto se pone bueno. 1

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