Tomando al pie de la letra el consejo de sus amigos, Víctor decidió mover su primera pieza.
A la mañana siguiente, un enorme arreglo de rosas rosadas —las favoritas de Amanda— llegó directamente a su oficina en la Fundación Grimaldi.
—¡Amanda, Amanda! Mira nada más, son para ti. Seguro son del canadiense guapo —bramó Adri, su amiga, arrebatándole prácticamente el ramo a la secretaria antes de que esta pudiera ponerlo sobre el escritorio.
Amanda levantó la vista, sorprendida por el escándalo y por el tamaño del arreglo.
Las rosas eran perfectas, de un tono vibrante que llenó la oficina de un aroma dulce.
—¿De quién serán? —murmuró, sintiendo un leve cosquilleo de curiosidad en el pecho.
—¡Abre la tarjeta rápido, que me muero de la intriga! —la apresuró Adri, dando saltitos de emoción y acomodándose al borde del escritorio.
Amanda tomó el pequeño sobre blanco, sacó la tarjeta de bordes dorados y leyó la caligrafía firme que conocía a la perfección.
Parpadeó un par de veces, incrédula.
—Son de Víctor. Y traen una invitación a cenar esta noche.
Adri abrió los ojos como platos y soltó un bufido pomposo, llevándose las manos a las caderas.
—¿De Víctor? ¿Tu esposo Víctor? ¿El mismo que tiene una mujer instalada por ahí dándose la gran vida? ¡Qué descaro el de este hombre!
Amanda suspiró, dejando la tarjeta sobre la mesa con lentitud.
—No sé qué ha pasado con esa relación ni me interesa averiguarlo, Adri. Aunque, siendo honesta, de un tiempo para acá ha estado llegando a dormir a la casa todas las noches. Lo escucho entrar a su cuarto de madrugada y no sale hasta la mañana.
—Dios mío, Víctor es un caso perdido. ¿Y vas a ir a la cena?
—No lo sé. No tengo cabeza para peleas hoy.
—¿Estás loca? ¡Yo en tu lugar iría sin pensarlo! Me pongo guapísima, espectacular, de esas que rompen cuellos al pasar. Le doy una buena patada en el ego a ese rufián, me siento en la mesa, pido el plato más caro del menú, el champán más costoso, y me lo vacilo toda la bendita noche —espetó su amiga, cruzándose de brazos con una sonrisa pícara.
Amanda no pudo evitar soltar una carcajada.
—Adri, tú siempre tan… tan coloquial.
—No me complico, amiga. Víctor y tú tienen el matrimonio más enredado del planeta. En fin, haz lo que te la gana, pero si vas, hazlo viéndote como una diosa inalcanzable.
Amanda se quedó en silencio, mirando hacia la ventana y luego hacia los pétalos de las rosas.
La idea de Adri no sonaba nada mal y no tenía absolutamente nada que perder.
Tiempo después…
La mansión Grimaldi estaba sumida en su habitual silencio cuando Amanda apareció en lo alto de la escalera.
Parecía la mujer más hermosa del mundo, desbordando elegancia y seguridad con cada paso que daba.
Había decidido estrenar uno de los vestidos de su nuevo guardarropa, una pieza de seda que se ceñía a sus curvas de forma correcta y resaltaba su figura.
Iba maquillada a la perfección, con el cabello cayendo en ondas suaves sobre sus hombros. Estaba lista para comerse el mundo.
Al llegar al final de los escalones, Víctor ya la estaba esperando.
Llevaba un traje oscuro de corte italiano, perfecto, sin corbata, con un porte arrollador.
Cuando la vio, los ojos del multimillonario brillaron con una intensidad que ella no presenció nunca desde que se casaron.
—Estás preciosa, Amanda —dijo él en voz baja, ofreciéndole el brazo con caballerosidad.
Ella aceptó el gesto con una leve inclinación de cabeza, manteniendo la guardia en alto, pero disfrutando del evidente efecto que había causado en su marido.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...