Llegaron a la mansión Grimaldi pasadas las once de la noche, riendo por lo bajo en la entrada.
Una de las chicas del servicio, que iba cruzando el pasillo principal, los miró de reojo y no pudo evitar sonreír al verlos.
Por primera vez en todos esos años de casados, parecían un matrimonio normal.
Amanda tenía un brillo distinto en los ojos y Víctor había dejado botado por completo ese traje de CEO amargado e intocable que siempre llevaba puesto.
Subieron juntos las escaleras hasta llegar a la habitación de ella. Al entrar, Amanda se apoyó contra la puerta y soltó un suspiro largo.
—Gracias por la velada, Víctor. La pasé muy bien, pero ya es hora de dormir —le soltó, cortándolo con sutileza.
Prefería frenarlo de una vez, antes de que los tragos que tenían encima hicieran de las suyas y la terminaran cagándola.
Víctor metió las manos en los bolsillos, mirándola con una intensidad que calcinaba.
—Buenas noches, mi todavía esposa.
—Sí, bueno, todavía lo soy porque te niegas a firmarme el divorcio —le respondió ella, pero esta vez con una sonrisa de medio lado, sin un gramo de rabia.
A Víctor se le secó la boca. Estaba prendido.
La mezcla del alcohol, la cercanía en el restaurante y verla ahí parada, tan radiante y provocativa, le disparó la memoria.
Su mente voló directo a esas noches oscuras en el hotel, cuando la empotraba contra la pared, la devoraba sin piedad y le partía el coño haciéndola gritar hasta dejarla agotada.
Quería hacerle exactamente lo mismo ahora, pero en su propia casa.
—Bueno, ya me voy —dijo él, soltando un suspiro de falsa resignación.
Dio un paso hacia ella fingiendo que iba hacia la salida, pero en el último segundo se inclinó y hundió la nariz en el cuello de Amanda, respirando hondo su perfume.
Ese fue el detonante.
Víctor perdió la cabeza. Le agarró la cintura con las dos manos, la levantó de un tirón y la tiró de espaldas contra el colchón.
Antes de que ella pudiera protestar, él se le lanzó encima, comiéndosela a besos con una prisa que la dejó sin aire.
Amanda soltó un gemido cuando sintió las manos de Víctor bajando por el cierre de su vestido, desnudándola a la fuerza.
Él bajó la boca por su cuello, trazando un camino húmedo hasta llegar a sus senos.
A través del encaje fino del brasier, le lamió y le mordió los pezones con desesperación, sacándole un jadeo bajo que rebotó en las paredes del cuarto.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...