Jake empujó la puerta y entró al apartamento de Melissa justo en el momento en que ella le quitaba el seguro.
Al verlo plantado en su sala, Melissa frunció el ceño al instante, con el corazón saltándole en el pecho por el sobresalto.
—¿Alguien te vio subir? —le reclamó en un susurro áspero, asomándose con nerviosismo por el pasillo antes de cerrar la puerta.
Jake avanzó ignorando por completo su paranoia. Tenía la mandíbula apretada y una mirada que prometía problemas.
—¿Quién carajos era ese tipo que acaba de salir de los ascensores? —le soltó de golpe, acorralándola contra la pared de la entrada—. ¿Por qué estás tan nerviosa, ah? ¿Lo estabas esperando?
—No es nadie que te importe, olvídalo y déjame en paz.
Jake no le hizo caso. La agarró por los brazos, sacudiéndola con fuerza, cegado por los celos que le quemaban el pecho.
—¿Es otro de tus amantes? ¿A cuántos tipos te estás tirando en este maldito apartamento?
—¡Suéltame, Jake, basta! —Melissa se sacudió con un tirón brusco, empujándolo por el pecho con ambas manos para alejarlo—. ¡Estás enfermo!
El ambiente se cortaba con cuchillo. El pecho de Jake subía y bajaba con rapidez, luchando contra la tormenta en su cabeza.
Verla ahí, tan cerca, oliendo a perfume caro, le revolvía la sangre de una forma que ni él mismo podía controlar. Tragó grueso y bajó la guardia por un segundo.
—Quiero que te vengas conmigo, Melissa —soltó, con un tono más ronco, casi desesperado—. Estoy dispuesto a aceptarlo todo. Acepto a ese hijo tuyo, me lo llevo y lo crío como si fuera mío, pero quiero que te vayas conmigo lo antes posible.
Melissa soltó una risa amarga y seca, mirándolo como si estuviera loco.
—¿Tú, criando a mi hijo? Por favor, Jake.
—Te lo juro. Y te garantizo que no vas a volver a trabajar como dama de compañía jamás. No vas a pisar el club de California. Quiero que seas mi mujer, que duermas en mi cama y punto. Estoy dispuesto a todo por ti, Melissa. Te extrañé como un infeliz en estos años... me enamoré de ti.
—Los tipos como tú no saben amar, Jake. Lo único que saben es poseer —le escupió ella con rabia, cruzándose de brazos—. Seguro que ahora me pintas este cuento de hadas, pero cuando me tengas encerrada allá y sin salida, me vas a obligar a abrir las piernas para tus clientes VIP igual que antes. Porque lo que tú más amas en esta vida es el dinero fácil, no a mí.
—¡No me compares con la vida de mierd4 que tenías antes! —bramó él, acortando la distancia de nuevo hasta invadir su espacio vital.
La tensión entre ambos era opresiva.
El odio, el resentimiento y el morbo se mezclaban en el aire, creando esa atmósfera tóxica que los dos conocían a la perfección.
Enterró el rostro en su cuello, aspirando su piel, y su mano libre bajó hasta la curva de su cadera, apretando su trasero con rudeza.
Pegó su pelvis contra la de ella, frotando su polla contra el vientre de Melissa.
Ella soltó un jadeo ahogado, cerrando los ojos al sentir el calor y la fricción, recordando al instante el fuego que compartían en la cama.
Él le mordió el lóbulo de la oreja, haciéndola temblar de pura tensión sexual, pero conteniéndose de no arrancarle la ropa ahí mismo.
—¿Dónde está el niño? —le susurró Jake al oído, con la voz ronca y cargada de pura lujuria.
—Está en el parque... con la niñera —logró responder ella, con un hilo de voz, traicionada por su propio cuerpo.
A Jake se le encendieron los ojos.
Sin darle tiempo a pensar, le agarró la cara con ambas manos y estampó su boca contra la de ella en un beso salvaje y hambriento.
Y Melissa, aunque su mente le gritaba que lo empujara, no pudo evitarlo. Abrió los labios y cedió por completo al placer que ese hombre le ofrecía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...