Al caer la noche, la inmensa mansión Grimaldi estaba sumida en un silencio profundo.
Víctor subió los escalones de mármol pisando con el extremo cuidado de un ladrón dentro de su propia casa.
Tenía el pulso acelerado, latiéndole en la garganta, y las manos le sudaban ligeramente. Estaba nervioso; Amanda era completamente impredecible.
Por un lado, le había mandado ese mensaje que casi lo hace estrellarse de frente contra la pared, pero por el otro, sabía que su esposa podía arrepentirse en cualquier milésima de segundo y correrlo a gritos por el pasillo.
Al llegar al final del corredor, tragó grueso. La puerta de la habitación de Amanda estaba ligeramente entreabierta.
Adentro, las luces estaban apagadas, y el cuarto solo se iluminaba por el tenue y frío resplandor de la luna que se colaba por los ventanales.
Empujó la madera despacio, sin hacer ruido, y la vio.
Amanda estaba de pie en medio de la habitación, completamente desnuda.
La imagen lo golpeó directo en la entrepierna. Ya no había rastro de pudor ni de vergüenza en ella al mostrarse ante él.
La postura de su cuerpo no pedía amor, pedía sexo. Lo único que le importaba a ella en ese preciso momento era que la cogiera rico y sin rodeos.
La química sexual, esa misma magia intensa que había explotado cuando él era el falso Carlos, era una fuerza arrolladora con la que Amanda no contaba en su vida, y que ahora la tenía esclava del deseo.
—No te quedes allí parado —espetó ella, con una voz mandona que cortó la oscuridad.
Los ojos de Víctor se llenaron de un pánico excitante, dilatándose como los de un depredador que acaba de recibir permiso para atacar.
Acortó la distancia entre ellos con dos zancadas veloces.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...