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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 55

Amanda salió de golpe de los tórridos recuerdos al ver la ceja alzada de su amiga.

Respiró hondo, tragando aire para calmar el latido desbocado de su corazón, y le dio la vuelta al celular sobre el escritorio, como si así pudiera ocultar la evidencia de su propia debilidad.

—No lo puedo negar más, Adri —confesó de repente, soltando el aire contenido en un suspiro pesado, rindiéndose—. Amo a Víctor. Lo amo de verdad. Esto es mucho más que sexo y deseo...

Adriana abrió los ojos de par en par, dejando la taza de café sobre la mesa con un golpe seco.

—¿Qué? —exclamó, atónita—. A ver, rebobina. ¿Me estás diciendo que te volviste a enamorar del hombre que te mintió en la cara?

—Es complicado, lo sé —se defendió Amanda, pasándose las manos por el cabello con frustración—. Es una locura total, pero es lo que siento aquí en el pecho. Va mucho más allá de la forma salvaje en la que me toma en la cama. Cuando me mira, cuando me toca, siento que me desnuda el alma, no solo el cuerpo.

Adriana se recostó en la silla, asimilando la bomba. Cruzó los brazos y asintió lentamente.

—Amanda, te volviste a enamorar de Víctor. Obviamente algo así iba a pasar, era una bomba de tiempo. Ustedes dos tienen una química que quema paredes. Pero si las cosas son así, tienes que hablarle claro, poner las cartas sobre la mesa y resolver sus problemas de una vez por todas. No pueden seguir jugando a los amantes clandestinos.

—Ese es el problema, Adri. No sé si soy capaz de perdonarlo del todo para que podamos empezar de cero. Víctor es muy impredecible. Hoy me escribe maravillas y mañana se cierra en su mundo de CEO intocable. Tengo pánico de que, si le digo lo que siento, me vuelva a lastimar.

—Víctor es un pendejo, eso ya lo sabemos las dos —sentenció Adriana sin pelos en la lengua—. Es arrogante, mentiroso y manipulador. Pero si a ti te gusta ese cretino... yo no soy nadie para juzgarte. Lo único que quiero es que seas feliz, Amanda.

—Yo también quiero ser feliz —murmuró Amanda, con la voz rota—. Lo único que sé con certeza en este momento es que lo quiero en mi cama, pero también lo quiero conmigo, en mi vida, despertando a mi lado. Pero tengo miedo, Adri. Tengo muchísimo miedo de estrellarme de nuevo contra la pared.

Capítulo 55. Un empujoncito. 1

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