Víctor llegó al hospital resbalando los neumáticos.
No se había molestado ni en abrocharse bien la camisa; solo quería saber que su hijo estaba a salvo.
Al cruzar las puertas de urgencias, divisó a Melissa sentada en una de las bancas de metal, con los ojos rojos y el cabello desordenado.
—¿Cómo está el niño? —soltó Víctor, recuperando el aliento.
Melissa se levantó de un salto y se refugió en sus brazos.
Víctor, aunque tenso por lo que acababa de dejar en la cama con Amanda, no pudo evitar rodearla para consolarla.
—Le están bajando la fiebre, Víctor. Me asusté muchísimo, estaba ardiendo y no reaccionaba —sollozó ella contra su pecho—. Gracias por venir tan rápido. Pensé que... que no vendrías.
—Es mi hijo, Melissa. Sabes que siempre voy a estar para él —respondió él, separándose suavemente para mirar hacia la zona de pediatría.
Pasaron un par de horas en una tensa espera hasta que el médico les permitió entrar. El pequeño ya estaba más tranquilo, dormidito bajo el efecto de los medicamentos.
Víctor se sentó a la orilla de la cama y le acarició la frente, sintiendo un peso inmenso en el pecho.
Melissa lo observaba desde el otro lado, viendo en él al hombre del que siempre se había aferrado.
—Víctor... —susurró ella, rompiendo el silencio—. Mira al niño. Mira lo tranquilo que está ahora que estás aquí. Él te necesita, nosotros te necesitamos.
Víctor suspiró, sabiendo hacia dónde iba la conversación.
—Melissa, no empieces...
—Es que no puedo evitarlo —lo interrumpió ella, acercándose y poniéndole una mano en el brazo—. El niño se pone así porque siente tu ausencia. Necesito que vuelvas con nosotros, Víctor. No solo por la casa o el dinero, sino para ser la familia que siempre debimos ser. Aprovecha que todavía estamos a tiempo, que el niño te busca en cada rincón. ¿No ves que separados solo lo estamos haciendo sufrir?
Víctor la miró y, por un segundo, la culpa lo golpeó.
Pero la imagen de Amanda en la cama, entregándose a él con esa pasión increible, era un tatuaje en su mente que Melissa no podía borrar.
—Ahora lo importante es que el niño salga de aquí —cortó Víctor, retirando el brazo con sutileza.
***

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...