Melissa miraba con fijeza la puerta de la cafetería, ignorando el café que ya se había enfriado frente a ella.
Tenía las manos sudadas y el corazón le latía con una fuerza que le resultaba dolorosa.
Sentía que el mundo se le venía encima; como si después de tanto esfuerzo por mantener su fachada de mujer rica, le estuviera lloviendo sobre mojado justo cuando estaba a punto de perder a Víctor.
De pronto, la puerta se abrió y una mujer entró al local, viendo las mesas con la mirada perdida. Sus ojos chocaron.
El impacto de verla fue como un golpe directo al estómago para Melissa, quien sintió que las piernas le flaqueaban.
Se dejó caer en la silla, tratando de recuperar el aliento mientras la mujer caminaba hacia ella con pasos torpes.
Lorena no era ni la sombra de lo que fue. Tenía el rostro demacrado y la ropa le quedaba grande, pero sus ojos guardaban una chispa de malicia que Melissa reconoció al instante.
—Necesito dinero —soltó Lorena sin siquiera saludar, sentándose frente a ella con un nerviosismo que hacía que le temblaran los labios.
Melissa apretó los dientes, tratando de mantener la compostura para que nadie en las mesas contiguas sospechara nada.
—¿Dinero? —susurró Melissa, con la voz cargada de rabia—. Si ya te di más que suficiente hace dos años. No entiendo qué haces aquí ahora, Lorena. Se supone que teníamos un trato y que te habías largado para siempre.
—No lo entiendes... —Lorena se pasó una mano sucia por la cara—. Me diste migajas, Melissa. Migajas que se me acabaron hace mucho tiempo en este mundo de mierd* en el que vivo.
Melissa la recorrió con una mirada de asco profundo, sin ocultar su desprecio.
—Tan solo mírate, Lorena. Qué bajo has caído. Das pena eres una sombra de la mujer que conocí.
—Aquí no estamos hablando de cómo me veo ni de dónde he caído —le espetó Lorena, inclinándose sobre la mesa para que sus rostros quedaran a pocos centímetros—. Vine a advertirte una sola cosa: quiero dinero, y lo quiero ya. O si no, ya sabes muy bien de lo que soy capaz, Melissa. Sabes lo que puedo decir y a quién se lo puedo decir.
Melissa sintió un frío glacial recorrerle la espalda. Se llevó una mano a la frente, cerrando los ojos con fuerza.
Melissa se quedó ahí, viendo cómo su vida se desmoronaba por un secreto que pensó que estaba enterrado bajo tierra.
Al salir de la cafetería, Lorena caminó un par de calles, tratando de perderse entre la multitud, hasta que llegó a una esquina oscura donde un auto de lujo la esperaba con el motor encendido.
La ventanilla bajó lentamente, revelando el rostro de Jake.
—Muy bien, Lorena. Muy bien —dijo Jake con una sonrisa álgida, extendiéndole un sobre grueso lleno de billetes—. Has hecho un trabajo excelente. Melissa está aterrada, puedo oler su miedo desde aquí.
Lorena tomó el sobre con manos ansiosas, contándolo rápidamente.
—¿Estás seguro de que esto es solo el principio?
—Te pagaré el doble de lo que ella te dé —prometió Jake, encendiendo un cigarrillo—. Gracias por la información. Ahora Melissa está donde yo quería: entre la espada y la pared. Sigue presionándola, quiero que se desespere tanto que cometa un error que el tipo ese no pueda perdonar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...