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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 68

Jake había citado a Melissa con urgencia en el "Eclipse", su nuevo club en California. Ella entró por la puerta trasera, sintiéndose fuera de lugar en ese sitio oscuro.

Mientras caminaba detrás de él, el golpe de sus tacones contra el suelo retumbaba en todo el salón vacío.

—¿Por qué me trajiste aquí, Jake? —escupió ella, cruzándose de brazos—. Tengo un hijo que atender, no estoy para tus jueguitos.

Jake soltó una risa ronca, una que le puso los pelos de punta a Melissa. Se acercó a ella despacio, como un lobo que ya sabe que tiene a su presa acorralada.

—¿Un hijo? —preguntó él, con un tono burlón.

—Sí, mi hijo. El hijo de Víctor.

Jake no aguantó más y soltó la carcajada.

—¿Estás muy segura de que ese hijo es tuyo, Melissa?

Antes de que ella pudiera responder, él la tomó del brazo con una brusquedad que la hizo jadear.

El agarre era firme e intenso, como si quisiera recordarle que él conocía cada rincón de su cuerpo y de su alma.

—¡Qué te pasa! ¡Suéltame! —le gritó ella, tratando de zafarse, pero Jake no cedió.

—¿Que te suelte? Ahora sí vamos a estar juntos como siempre quise, Melissa. Deja de fingir. Tú no amas al millonario ese, tú lo que amas es su cuenta bancaria y su apellido.

Melissa dejó de forcejear y lo miró con todo el desprecio que pudo reunir.

—¿Y qué hay con eso? —le soltó a la cara—. Ya tú no eres parte de mi vida, Jake. Entiéndelo de una vez por todas. Se acabó.

—No lo puedo entender porque tú me perteneces y lo sabes —le susurró él al oído, pegándola a su cuerpo—. Soy el único hombre que te lo sabe hacer rico, el único que te conoce de verdad.

Melissa sintió un desprecio profundo, una mezcla de odio y de rabia por lo que Jake le restregaba en la cara.

—Tú lo que eres es un maldito proxeneta. No todo en la vida es coger, Jake. Entiende que yo me enamoré de Víctor.

—¿Te enamoraste? —Jake le apretó más el brazo—. Pero si hasta hace nada vibrabas en mis brazos. No me vengas con cuentos de amor ahora.

Melissa se soltó con un tirón y se arregló la ropa, mirándolo con una frialdad que asustaba.

—Sabes perfectamente que soy buena tirando, ¿no? Pero tengo claros mis objetivos en la vida. Ser la señora Grimaldi es lo más importante para mí.

Capítulo 68. Pendiendo de un hilo. 1

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