Amanda llegó a la construcción pisando fuerte, con esa seguridad que siempre la hacía resaltar entre el polvo y el ruido de las máquinas.
Llevaba unos pantalones ajustados que marcaban sus curvas sin dejar nada a la imaginación, destacando sus caderas y ese cuerpo firme que mantenía con disciplina.
Una blusa sencilla y unas zapatillas de marca completaban su estilo: estaba perfecta, con el cabello recogido en una coleta alta y un maquillaje tan natural que parecía que no llevaba nada.
Sostenía unos planos en las manos, señalando con firmeza los errores en los cimientos a un grupo de arquitectos que escuchaban en silencio.
—Si no ajustan estos niveles ahora, la estructura va a ceder en menos de dos años —sentenció ella, con los ojos clavados en el papel.
Al levantar la mirada para verificar una columna, se encontró con unos ojos que la recorrían de arriba abajo.
Alexander Donovan estaba allí, apoyado en una valla, barriéndola con la vista sin ningún pudor, deteniéndose en sus tetas y bajando hasta su culo con un descaro que a Amanda le incómodo.
Se lamió los labios con seducción mientras empezaba a caminar hacia ella.
—Alexander, ¿qué haces por aquí? —preguntó ella, cerrando los planos de golpe y poniéndose rígida.
—Vine a verte, Amanda. Y a ver si de paso por fin me aceptas una salida a comer —dijo él, acortando la distancia hasta que su perfume inundó el espacio.
—Ya comí. Y de paso, ando muy atrasada con el trabajo como para perder el tiempo —respondió ella cortante, volviendo la vista a los planos.
—Entonces una salida a cenar. No me digas que también vas a estar ocupada de noche.
Amanda suspiró, sintiendo que la paciencia se le agotaba.
—No me lo tomes a mal, Alexander, pero no pienso salir contigo ni a cenar, ni a nada.
Alexander frunció el ceño, soltando una risa cínica.
—¿Y eso por qué? Se rumorea por allí, que te separas de Grimaldi de una vez por todas.
—Qué rápido vuelan los chismes —dijo ella, clavándole una mirada de acero—. Pero para tu información, no me voy a separar aún de mi esposo.
—¿Esposo? —Alexander repitió la palabra como si fuera un insulto—. ¿Ahora es tu esposo? Hace días no podías ni escuchar su nombre. No me digas que volviste a caer en sus garras.
—Lo que haga o deje de hacer con mi esposo no es de tu incumbencia —espetó Amanda, dándole la espalda para seguir con su trabajo—. Tengo gente esperando y planos que corregir. Ya sabes dónde está la salida.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...