Amanda se miró al espejo y no pudo evitar una sonrisa llena de picardía. Se sentía poderosa, radiante y, sobre todo, deseada.
Para la sorpresa de esa noche, no había escatimado en gastos.
Llevaba un conjunto de lencería de encaje negro tan atrevido que era poco más que un susurro sobre su piel.
El sujetador era de copas abiertas, apenas bordeando lo necesario con bordados delicados, y el liguero sujetaba unas medias de seda que subían por sus muslos firmes.
Era una invitación directa al pecado, diseñada para volver loco a Víctor y recordarle que no había ninguna mujer en el mundo capaz de igualarla.
—Esta noche no duermes, Grimaldi —susurró para sí misma, humedeciéndose los labios.
Se puso encima una bata de seda negra, completamente transparente, que no ocultaba nada pero añadía ese toque de misterio que tanto le gustaba a él.
Estaba tan emocionada, tan vibrante por el encuentro que imaginaba, que cuando sonó el timbre, su corazón dio un vuelco.
—¿Víctor olvidó las llaves? ¿O quiere jugar a que lo reciba como Dios manda? —pensó con una risa traviesa.
Sin pensarlo dos veces, sin mirar por el ojo mágico y con la emoción a flor de piel, abrió la puerta de par en par, lista para lanzarse a los brazos de su hombre.
Pero la sonrisa se le congeló en el rostro. Sus ojos se abrieron como un par de huevos fritos al encontrarse con la mirada cargada de ira de Melissa.
Melissa la recorrió de arriba abajo, quedándose pálida al ver el atuendo de Amanda. El silencio duró apenas unos segundos, pero fue letal.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...