El salón del hotel vibraba con el murmullo de los grandes negocios.
Amanda no estaba allí como un simple accesorio de Víctor; se movía con seguridad entre los inversores, explicando con propiedad cada detalle del proyecto urbanístico que ella misma había diseñado.
Víctor no podía apartar los ojos de ella.
La miraba con orgullo, disfrutando de verla en su elemento.
Ya no estaban allí para guardar las apariencias ni cumplir con contratos; cada gesto y cada roce de manos era auténtico, reflejando la solidez de lo que habían construido juntos.
Se les acercó el señor Esteban, uno de los inversores más veteranos del país, con una sonrisa amplia.
—Grimaldi, tengo que felicitarte. No solo por el proyecto, que es impecable, sino por la mujer que tienes al lado. Amanda no solo es bella sino muy inteligente.
—Lo sé, Ricardo —respondió Víctor, atrayendo a Amanda hacia su costado con orgullo.
Amanda le sonrió a Víctor, sintiendo ese calorcito en el pecho que solo él lograba provocarle.
Cuando el empresario se retiró, Víctor se inclinó hacia su oído y le picó el ojo con picardía.
—Estás tan hermosa cuando hablas de estructuras y niveles que me dan ganas de suspender este cóctel ahora mismo y llevarte a la cama —le susurró.
—Cálmate, Grimaldi —respondió ella con una risita, apretándole la mano con fuerza—. Tenemos que terminar de convencer a los socios. Después... después soy toda tuya.
Sin embargo, la burbuja de felicidad estalló en un segundo.
El aire en el salón pareció volverse pesado y frío. De repente, la cara de Víctor se transformó; su mandíbula se tensó y sus ojos se volvieron dos rendijas de acero.
Amanda, notando el cambio, siguió su mirada hacia la entrada principal.
Ahí estaba él. Alexander Donovan.
Caminaba con una elegancia, vestido con un traje a medida.
Alexander recorrió el salón con la vista hasta que sus ojos se clavaron en Amanda.
Ignoró por completo la presencia imponente de Víctor y le dedicó a ella una sonrisa lenta, cargada de un significado que Amanda no alcanzaba a descifrar, pero que le erizó los vellos de la nuca.
Víctor sintió que la sangre le hervía.
Tenía unas ganas locas de partirle la cara ahí mismo, frente a toda la élite empresarial.
Sabía perfectamente que Donovan no estaba allí por los negocios, sino por el capricho de sabotearlo, de meterse en su terreno y, peor aún, de poner sus ojos en su esposa.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...