El aire se congeló en los pulmones de Alexander Donovan y un zumbido extraño llenó sus oídos.
Parado de espaldas, frente al enorme ventanal de su oficina, estaba Víctor Grimaldi. Había una quietud amenazante en su postura que erizaba la piel.
Lentamente, Víctor comenzó a girarse, permitiendo que la luz difusa de la ciudad dibujara su perfil antes de fijar su mirada directamente en él.
Alexander sintió que el corazón se le paraba un segundo, una reacción visceral que odiaba pero que no podía controlar.
Víctor Grimaldi era un hombre sumamente alto y corpulento; que no pasaba desapercibido tan fácilmente, y que en ese momento emanaba una furia extrema.
—¿Quién carajos te dejó entrar? —soltó Alexander, su voz saliendo más estridente de lo que pretendía.
Se detuvo a medio camino hacia su escritorio, sintiendo cómo su oficina, un refugio de poder, se transformaba en una prisión.
—Tu secretaria, muy amablemente —respondió Víctor. Su voz era profunda y tranquila.
—Demonios... —murmuró Alexander, retrocediendo un paso. Sus manos buscaban nerviosamente el borde del escritorio—. Marcela está despedida.
Víctor esbozó una sonrisa helada, una mueca despectiva que no llegó a sus ojos.
—Despídela, que yo la contrato —dijo, dando un paso al frente. Su bota sonó con un golpe contra el suelo—. Porque tienes que echarle bola para poder conmigo, Alexander Donovan.
Alexander apretó los dientes, sintiendo cómo el miedo se transformaba en una rabia impotente.
—¿De qué estás hablando? Te presentas aquí, sin cita, amenazando...
—De tus mañas, infeliz —lo interrumpió Víctor. Su calma se estaba evaporando, revelando la furia pura que latía debajo—. Primero te aliaste con Roberto Mendoza para joderme en la bolsa. Pensaste que ese movimiento sucio pasaría desapercibido, ¿verdad? Y ahora esto... aliarte con los líderes sindicales para paralizar mi proyecto de la costa. Eso es un golpe muy bajo, Donovan, uno que te pienso responder.
Alexander parpadeó, la sorpresa cruzando su rostro por una fracción de segundo antes de que lograra recuperar su cara de indiferencia.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...