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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 81

Amanda había pasado toda la mañana caminando entre polvo, cemento fresco y revisando planos junto a los ingenieros de obra.

Con la espalda molida y las botas manchadas, se sirvió un vaso de agua helada y se dejó caer en su silla, dispuesta a descansar al menos diez minutos antes de su próxima reunión.

La puerta se abrió de golpe y Adriana entró casi sin aliento, agitando un periódico en la mano y con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Amanda, tienes que ver esto ahora mismo! —exclamó su amiga—. Mira lo que dice la prensa sobre ti. Titular de primera plana: «Arquitecta exitosa y esposa ejemplar». Por lo visto, Víctor y tú les dieron muchísimo de qué hablar a los periodistas en el cóctel. ¡Están en todos lados!

Amanda tomó el periódico, esbozando una media sonrisa, había una fotografía en alta resolución los mostraba a ambos en el evento.

Víctor la tenía sujeta por la cintura, pegándola a su cuerpo con firmeza, mirándola con una intensidad que traspasaba el lente, mientras ella le sonreía de vuelta, radiante.

—Víctor estaba tan cariñoso que obviamente no pasó desapercibido para los fotógrafos —murmuró Amanda, deslizando el dedo en el periódico.

Sin embargo, la sonrisa de Amanda se desvaneció poco a poco al recordar el amargo final de la velada.

Adriana, que la conocía mejor que nadie, borró su sonrisa y se sentó frente a ella, adoptando una postura seria.

—¿Te ocurre algo? ¿No estás feliz con la nota, Amanda? Salen espectaculares. Esto es publicidad gratuita para la firma.

—No es eso, amiga. La foto es hermosa —suspiró Amanda, frotándose la cara—. Es que está pasando algo muy grave con Víctor... o más bien, a nuestro alrededor.

Adriana se cruzó de brazos, poniéndose a la defensiva de inmediato por instinto.

—Ay, no me digas. ¿Ahora qué hizo el mamarracho ese esta vez? Si Víctor te volvió a mentir, te juro que yo misma voy y le parto un...

—No, no, tranquila. Por ahora él se está portando bien —la interrumpió Amanda, levantando una mano para frenarla—. El problema no es Víctor. Es Alexander Donovan.

—¿Donovan? ¿El canadiense? —Adriana parpadeó, completamente desconcertada—. ¿Qué tiene que ver ese hombre tan educado con ustedes dos?

—Quiere destruir a Víctor. Por puro placer, por ego, no lo sé... Al parecer, ese tipo se obsesionó conmigo, Adri. En el cóctel de ayer se acercó a provocar a Víctor de una forma tan descarada frente a todos. Todo ese papel de caballero amable es una vil fachada. Donovan es un hombre peligroso y está buscando la manera de arruinar a Víctor.

Adriana se tapó la boca con ambas manos, escandalizada, sintiendo que la culpa le caía encima como un balde de agua fría.

—¡Válgame Dios! —soltó Adriana—. Y yo que hasta hace un par de días le hacía barra, te insistía en que le dieras una oportunidad y lo quería para ti. Qué ceguera la mía. Pensé que era un príncipe azul, y resultó ser el verdadero villano del cuento.

—Yo también me tragué entero su papel de hombre perfecto —admitió Amanda, con la voz cargada de miedo—. Pero ahora me aterra lo que pueda hacer. Conozco a Víctor, sé que no se va a quedar de brazos cruzados aguantando los golpes, y una guerra de egos y poder entre esos dos puede llevarse todo por delante.

***

Víctor estaba profundamente concentrado frente a su computador, revisando las proyecciones financieras del trimestre, cuando Tamara, su secretaria personal, entró a la oficina y paso rápido sin anunciarse.

Capítulo 81. Ataque. 1

Capítulo 81. Ataque. 2

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